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Crisis total en U. de Chile

Tres derrotas en cinco partidos, una eliminación en la Copa Libertadores que significó tres millones de dólares menos en ingresos de premios y dos técnicos enfrentados en declaraciones públicas resumían, hasta las 20:00 horas de este sábado, los primeros dos meses y medio de Universidad de Chile en 2019. Una crisis feroz. No se podía calificar de otra manera. Y en Azul Azul lo sabían. Carlos Heller, lo sabía. Los hechos eran demasiado concluyentes.

Pero faltaba un último suceso en la agitada noche penquista: la renuncia del presidente de la concesionaria pocos minutos después.

Heller pasó por el camarín, habló con Alfredo Arias, luego con los jugadores y acto seguido anunció su salida sin aceptar preguntas de la prensa. Los lienzos, cánticos y amenazas de muerte en su contra lo terminaron de convencer. El dirigente no fue capaz de soportar las múltiples intimidaciones, anónimas y explícitas, de las que fue objeto.

Durante mucho tiempo, Heller tuvo el cuero duro y el bolsillo generoso. Se precipitó con el anuncio de un estadio para la U y recibió munición de grueso calibre ante la promesa incumplida.

También debió ejecutar millonarios aportes de capital ante el deficitario ejercicio financiero. Y hacer frente a innumerables críticas por el bajísimo rendimiento internacional de la institución bajo su mandato. Hasta la salida de Kudelka se mantuvo indemne. Su cariño por el club lo hizo sortear cada una de las tempestades.

Sin embargo, el papelón de la llegada de Alfredo Arias estando aún Frank Kudelka en ejercicio empezó a socavarlo todo. Fue un atentado a la credibilidad del club. La peor idea del mundo.

Quizá en los ochenta o noventas la maniobra de Sabino Aguad pasaba colada, pero hoy en plena sociedad de la información, donde todo está digitalizado, desenmascarar una mentira está a un click, a un pantallazo de distancia. Más en los tiempos que corren donde campea la desconfianza entre los medios y las fuentes. La Cadena Fox hizo buen periodismo y dejó en evidencia la burda jugada.

A esa altura la mecha estaba encendida y la única opción de que la bomba no explotara era que los azules ganaran en Concepción, cuestión que sabemos no ocurrió. Lo que empieza mal, termina mal.

¿Supo Carlos Heller que Arias estaba en Chile antes de la dimisión de Kudelka?, ¿o acaso Sabino Aguad, de manera inconsulta con su jefe, le pidió al uruguayo que viajara a Santiago porque lo del ex técnico de la U no tenía vuelta?, ¿hay que creer que Arias se embarcó voluntariamente el martes y no porque el acuerdo estaba cerrado?, ¿qué hubiera pasado si el plantel convencía a Kudelka de quedarse?, ¿Azul Azul hubiese tenido que despedirlo? En las últimas horas los implicados hablaron, entre éstos Arias, con un discurso particularmente desafortunado, pero es claro todavía quedan muchas cosas en la nebulosa.

Este sábado, el enrarecido clima que envuelve a la U, tuvo su peor expresión con las inaceptables amenazas de muerte contra Heller y su familia. Porque convengamos que una cosa es el escrutinio público del hincha azul y otra muy distinta la delincuencial intimidación de la que fue víctima. Nada justifica lo ocurrido y es de esperar que la autoridad actúe con eficiencia. No como en 2012 con las amenazas de anónimos barrabravas a la entonces intendenta Cecilia Pérez.

El fútbol profesional, en teoría, tiene códigos únicos y aunque el deber ser de esta disciplina, debidamente regulada, supondría un apego irrestricto a las normas, ética y moralidad, en no pocas ocasiones, los hechos demuestran situaciones diametralmente opuestas. En este caso, la naturaleza de la negociación, condicionó a Aguad y Arias quienes nunca calibraron los alcances de una eventual derrota en Concepción y arrastraron a Heller en la pasada. Dejar entrever que Kudelka es una niña llorona y está del lado de los malos, como insinuó el técnico uruguayo, además de improcedente es de una suprema falta de autocrítica.

Nadie podría valorar positivamente su mentira blanca. ¿De qué estamos hablando?

Arias comparó a Kudelka con Solari y se pareó con Zidane. Es cierto, estas cosas suceden en el primer mundo. Le pasó también a Pellegrini con Guardiola. Pero eso no significa que esté bien. Y en ambos casos nadie mintió. Lo que corresponde, cuando los resultados no se están dando y la presión ambiente arrecia, es ser más cuidadoso que nunca y actuar con convicción. Lo segundo, Aguad lo tuvo, lo primero, en lo más mínimo. Si Arias fuera Sampaoli, una derrota en Concepción no hubiera gatillado el cataclismo. Pero es solamente Arias, un buen entrenador, con ningún arraigo e historia en la U.

La Universidad de Chile no es un club cualquiera. Representa al alma mater del país. Quienes están al mando del club deberían saberlo. Y los descerebrados que andan por la vida amenazando a la gente también. La U es demasiado grande para verse empañada por un episodio como éste. Veremos si a contar de abril los resultados ayudan a salir de la crisis. De lo contrario, Aguad y Arias podrían tener corta vida en sus cargos.

¿Heller? Aunque sigue siendo con holgura el máximo accionista y perfectamente puede mantenerse en el directorio si así lo estima conveniente, como presidente merecía una salida mucho más limpia.

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