La U 2019 y el parecido con la del descenso

Claro, no es para menos, a raíz de la derrota ante uno de sus rivales clásicos, pero más que por el 4-0 en contra, los seguidores de Universidad de Chile quedaron alarmados también por otro asunto tras la caída contra la UC. El equipo dirigido por Alfredo Arias, y el mismo lo admitió, jugó a nada, no dio pie con bola, le pasaron por encima, barrieron con él... Las frases pueden ser múltiples, pero la realidad es una: hoy, el cuadro azul no es competitivo y debe reformularse velozmente para evitar la lucha por no descender.

Haciendo memoria en torno al campeonato de 1988, se aprecia un vaso comunicante con el panorama actual que viven los estudiantiles. El discurso era similar: que la U tenía buen equipo, jugadores distintos, una tremenda historia detrás y que pronto abandonaría las últimas posiciones. Sin embargo, el equipo se fue enredando futbolística y mentalmente hasta que en un fatídico partido ante Cobresal, por la última fecha de ese torneo, perdió la categoría.

La radio entonces era el medio de comunicación más inmediato y todavía el país no había sido intoxicado completamente por la bajeza extranjera del odio parido hacia el rival clásico. Por lo tanto, el descenso de los azules impactó a la mayoría de los hinchas del fútbol. Nadie creía que las informaciones radiales desde el Estadio Nacional fueran ciertas, pues aún reinaba la autocomplacencia del medio en torno al cuadro azul. ¡Cómo iba a ser posible que la U bajara a Segunda División!    

Lo que pasó después casi todo el mundo lo sabe. El elenco universitario debió luchar durante un año para retornar al fútbol de honor, luego de un inicio de campeonato en 1989 sin conciencia plena de la categoría en que estaba, costándole esto algunos sorpresivos resultados adversos. Afortunadamente para sus seguidores, los azules ajustaron el foco, con una percepción realista y no idealista del momento que vivían y de las canchas en que debían actuar, para finalmente ascender.  

Esa lucidez, que no surgió para evitar el descenso pero sí con el fin de corregir el rumbo inicial en Segunda División, se extraña hoy en el cuadro azul y también en todo el medio. Muchos nos unimos al eslogan de que un club grande como la U no puede descender, pero el derrumbe contra la UC indicó todo lo contrario.Lo relevante es que Arias haya tomado conciencia del asunto. 

Por lo menos antes del clásico universitario, el uruguayo dio indicios de que no lo tenía plenamente claro. Conservó el diseño defensivo, manteniendo la línea de tres sin el retroceso de los carrileros para conformar un bloque de cinco hombres en pos de una sólida estructura para frenar el ataque de la UC. Fue todo lo contrario, Matías Rodríguez y Matías Campos López avanzaron a presionar a los laterales cruzados y hacia atrás quedó la escoba. El que mejor lo pasó fue Edson Puch, quien se dio un festín, al que luego se unió José Pedro Fuenzalida.   

Hoy, Arias afronta un momento crucial, muy parecido al que vivió Frank Kudelka en el segundo semestre del año pasado. La U llega regularmente al arco rival, con la excepción del duelo ante la UC, y los delanteros definen mal las acciones. Cuando eso pasa, normalmente los equipos se reestructuran de atrás hacia adelante y apuestan por ganar 1-0 antes de insistir en la ideología de un 'ofensivismo' improductivo.

En su momento, Kudelka organizó a los azules con dos líneas de cuatro y dos hombres arriba en el ataque. Le resultó al argentino, ya que el cuadro universitario fue el mejor conjunto de la segunda rueda en 2018. Sin embargo, el propio DT 'pelaba' al equipo, pues siempre decía que la U no jugaba como él quería, cosa que quiso cambiar en este temporada con muy bajos resultados y su posterior salida del club.

Arias tiene el mejor ejemplo al alcance de la mano, a raíz de la corrección que aplicó su predecesor en el cargo y que le permitió enmendar el rumbo durante el semestre pasado. Veremos entonces cuál es el curso de acción que adopta el uruguayo.

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