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Charles merece un grande de Europa

Probablemente usted leyó muchos equipos ideales de la Copa América. Uno de los más comentados, el que elaboró la Conmebol, con reputados técnicos de la región votando por los mejores jugadores en cada puesto. Ahí, destacó un chileno, uno solo, debilidad de los expertos: Arturo Vidal.

El volante del Barcelona, más allá de su innegable categoría y con el respeto de los especialistas, no fue el mejor chileno de la copa. El más sobresaliente, en rigor, fue Charles Aranguiz y lo demuestran los datos, las estadísticas, su influencia en el juego. Fue el jugador con mayor cantidad de asistencias, quién creó más ocasiones de gol, el que más centros ejecutó y al que le cometieron mayor números de penales. Hechos concluyentes. No percepción.

Por eso que el Bayern Munich esté tras sus pasos no extraña en lo más mínimo. Si el fichaje se concreta se haría justicia con un jugador extraordinario que hasta ahora actuó en buenos equipos y fue figura en distintas latitudes, pero nunca pegó el salto a un grande de verdad. El campeón de la Bundesliga es un club de otra dimensión, uno de los cinco más grandes del mundo, un equipo que puede permitirle a Aranguiz jugar la Champions con protagonismo.

Durante una década en la Roja, Aranguiz creció a la sombra de Vidal, Alexis, Bravo y Medel. Incluso de Vargas, a quién su notable efectividad y condición de segundo goleador histórico le dio una connotación mayor. El perfil bajo del mediocampista del Bayern Leverkusen, quitado de bulla, poco amigo de las entrevistas, le significó ir de atrás en la validación popular, pero su aporte ha sido tan relevante como los antes citados. Un jugador clave, fundamental, determinante en los éxitos de la generación dorada.

Pese a que en los últimos meses se habló sobre el fuerte interés del Inter de Porto Alegre por volver a tenerlo en sus filas, lo cierto es que a sus 30 años Aranguiz tiene amplio margen para proyectar su carrera en Europa y marcar nuevos hitos. Por capacidad física, técnica y comprensión del juego puede jugar en cualquier equipo del mundo. En silencio, el príncipe creció, hizo el proceso, se ganó el reconocimiento internacional. Es hora de que se dé un gusto, vaya por objetivos mayores y sea titular en un gigante europeo.