La culpa es de la prensa

Arturo Vidal mandó un mensaje directo y contundente en una historia de su cuenta de Instagram que después eliminó: busquen problemas en otros lados periodistas mediocres, Chile es uno solo. Más explícito, imposible. La prensa, una vez más, tenía la culpa en opinión de los protagonistas de la noticia.

Independiente de lo inoportuno de la publicación, de por qué la borró o quién acertadamente se lo sugirió, se trató de un acto innecesario, prescindible. Y no porque los destinatarios de la crítica sean los medios. Eso da lo mismo. Sino porque el hecho otorga una cuota de tensión extra a un ambiente que debiera propender a la normalidad que es lo que la Roja requiere.

A sólo cinco meses del inicio de las clasificatorias lo recomendable, sano y prudente es dar vuelta la página. El conflicto entre Vidal y Bravo pudo resolverse antes, pero ya no ocurrió. Da lo mismo si Reinado Rueda fue pasivo, si hubo indolencia de los dirigentes o desinterés de los propios jugadores y sus cercanos. Es claro que el problema existió, los referentes del plantel lo admitieron públicamente. Para qué abundar, los hechos son concluyentes. No tiene sentido volver atrás. El misil del volante del Barcelona en las redes sociales no ayuda en lo más mínimo.

Cuando Guillermo Maripán dice en una conferencia de prensa que el plantel está saturado de un asunto que se ha extendido durante dos años, tiene razón. El zaguero del Mónaco, como antes Gabriel Arias u otros, tuvo que hacerse cargo y responder sobre el estatus del esperado encuentro y una eventual reconciliación entre Vidal y Bravo. La respuesta, simple pero categórica respecto de que el tema los colapsa (sic) demuestra que los jugadores quisieran estar hablando de otra cosa. El posteo le echó otro pelo a la sopa.

La reacción de Vidal es humana e incluso uno la puede llegar a entender, aunque no justificar. El fenómeno es simple y lo padecemos todos cuando escribimos algo en las redes sociales que a alguien o varios no les parece. Múltiples notas de prensa enfatizaron que la distancia con Bravo se mantenía, que el meta del Manchester City estaba poco integrado y eso generó ciertos comentarios adversos contra Vidal. Es cuestión de monitorear los alcances. Ahora, ¿qué tan representativas del pensamiento general del hincha son esas críticas? ¿Vale la pena apagar el incendio con bencina? El volante del Barcelona sobrerreaccionó porque si uno realmente hiciera una encuesta seria, con rigor metodológico, sobre la percepción del futbolero respecto de él lo más probable es que saldría altamente valorado y querido. Críticas siempre van a haber y culpar a la prensa como gatillo de esos cuestionamientos –aun teniendo asidero en cuestiones puntuales– no conduce a nada y esconde su propia injerencia.

Durante dos períodos Juan Román Riquelme y Martín Palermo fueron protagonistas de una historia muy ganadora en Boca Juniors. No se tragaban, pero convivían razonablemente, de manera profesional. El club siempre estuvo por delante y los resultados marcaron una gran época para el cuadro xeneise. En la Roja, quizá nada vuelva a ser como antes entre Bravo y Vidal y no tiene por qué serlo. Lo importante es el equipo, la convicción del grupo, el objetivo de volver a un mundial y dar cabida al esperado y necesario recambio. En ese propósito ambos son clave, cada uno desde su liderazgo y enorme capacidad profesional. El futbol chileno los necesita, juntos, remando para el mismo lado, sin ver enemigos aunque haya críticas o gente opinando distinto. El fin superior lo impone. Son demasiado importantes para que sea de otra forma.