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El año que cambió la carrera de Jaime Valdés

Era el año 1999, y el técnico de Palestino, Ricardo Dabrowsi nos comunica al cuerpo técnico que debemos trabajar de manera focalizada con un jugador: Jaime Valdés. Con 18 años, el joven ya marcaba amplias diferencias futbolísticas y el club lo veía como su próxima venta al extranjero, sin embargo, su formación aún estaba inconclusa.

La historia de Valdés es similar a la mayoría de los jugadores que pasan al profesionalismo: carencias afectivas, familiares, económicas y nutricionales. Por eso desde su ingreso en divisiones menores de Palestino tuvo apoyo especial de los entrenadores, la asistente social (Carmen Raggi) y desde el área psicológica. Además era muy tímido, rasgo que incluso lo expresaba para pedirle el balón a los compañeros.

Todo ese trabajo cobró fuerza el 99. No sólo porque Valdés se destapó, convirtiendo 15 goles en la temporada, sino también porque encontró lo que antes había sido su carencia principal: personas que quisieran ayudarlo y contenerlo. ¿Cuál fue la clave? Profesionales que pudieron ayudarlo socialmente, compañeros que lo guiaron en lo futbolístico y personal, y un cuerpo técnico que se orientó hacía la tarea con él.

Esto le permitió crecer y fortalecer su carácter y temperamento, pero por sobre todo le permitió empezar a desarrollar la resiliencia que lo acompañaría hasta hoy. Proveniente de un sector muy vulnerable, en Puente Alto, donde alcohol y drogas se cruzaron transversalmente por su vida, logró driblearlas, porque tenía un objetivo y una determinación por convertirse en jugador de fútbol profesional.

La resiliencia es la capacidad de sobreponerse a las circunstancias adversas, y lograr convertir los sueños en objetivos, a pesar de tener reforzadores negativos alrededor de él, pero con ayuda muchas veces de su familia. En ocasiones los hermanos y la madre dejaban de comer para que él se alimentara bien y pudiera entrenar sin problemas. De hecho todos los días de ese año 1999 el jugador tenía la obligación de pasar por el camarín del cuerpo técnico, antes del entrenamiento, para tomar el desayuno que el club le había dispuesto.

Eso es la resiliencia: sobreponerse a sus dificultades, a sus carencias, dejarse ayudar y salir adelante, aun cuando las condiciones sociales alrededor de él siempre fueron desfavorables. Por eso su carrera, sus 38 años es tremendamente exitosa. Le ganó a la vida.