Siempre pasa algo

A pocas semanas del debut de Garín, Jarry y equipo en la ATP Cup, el tenis chileno hace noticia por el inminente cambio de sede del ATP 250 de Santiago desde el Estadio Nacional a San Carlos de Apoquindo. Una decisión donde subyacen razonables temas de seguridad, pero también el desapego producto de la fallida promesa de recursos estatales para el regreso del que fuera uno de los torneos más tradicionales de Latinoamérica.

La eventual mudanza a los contrafuertes cordilleranos confirma la relevancia de Club Deportivo Universidad Católica, cuyo liderazgo en gestión e infraestructura no es novedad. San Carlos de Apoquindo cuenta con instalaciones de lujo: court central ampliable, club house y camarines de primera, entorno privilegiado y para una posible edición de 2021 un gimnasio polideportivo de estándar internacional. En resumen, un escenario que cumple con creces los requerimientos que demanda el exigente tour profesional.

El lado negativo es la nueva postergación del court central y sus canchas aledañas. El plan de financiamiento comprometido verbalmente por la exministra del deporte Pauline Kantor establecía una secuencia de aportes al torneo entre 2020 y 2023 a objeto de que el recinto recibiera las mejoras adecuadas para albergar el tenis en los Juegos Panamericanos de Santiago, en cuatro años más. Esa modernización, esa nueva infraestructura, no llegará. Al menos por esta vía.

Poco se podría discutir respecto de la reasignación de platas en medio de demandas sociales que imponen ser atendidas, pero el resultado vuelve a ser el mismo: el tenis chileno continuará sin el lugar que se merece. El deporte más exitoso del país cuenta hoy en Ñuñoa con un complejo añoso, subutilizado y, lamentablemente, deberá seguir esperando. Que Fillol y Cornejo hayan disputado ahí la final de Copa Davis en 1976 o Marcelo Ríos debutado con 17 años nunca fueron argumentos suficientes para meter mano en serio. ¿Qué hubiera costado incluir el court central en el plan de estadios para el Bicentenario? ¿O en la cuantiosa lista que vino después?

Aceptando que las cosas son como son lo aconsejable sería asumir que San Carlos de Apoquindo está a años luz del Estadio Nacional y no solo es preferible para recibir el ATP 250 en esta nueva etapa sino que debiera ser la sede del tenis (y de varios otros deportes en su flamante nueva piscina y futuro gimnasio polideportivo) para los Panamericanos de 2023. La mayor fiesta deportiva desde el Mundial del 62 amerita el mejor lugar existente.

Capítulo aparte y felicitaciones máximas para los organizadores del Abierto de Santiago que pese a los múltiples contratiempos de financiamiento e infraestructura se jugaron por repatriar el campeonato. En tiempos en que muchos clubes de tenis se han cerrado, apostaron por consolidar el torneo y abrir una instancia clave para que Garín y Jarry jueguen frente al público chileno y, Tabillo, Barrios, Malla y Lama, entre otros, tengan una chance real de cambiar el año y pegar un salto en sus carreras. Bien por la valentía para encarar el desafío en un momento particularmente complejo.