La ardua tarea de Jarry

El estadounidense Vincent Spadea, fue 18 del mundo, ganó más de 300 partidos en el tour y sobre 5 millones de dólares en ganancias, pero luce el poco célebre récord de ser el jugador con mayor número de derrotas en serie: 21 caídas entre 1999 y 2000. El norteamericano, contemporáneo de Marcelo Ríos y que se caracterizaba por estar siempre acompañado de su histriónica madre colombiana, hizo una interesante carrera en la que ganó un título y tuvo resonantes triunfos sobre Sampras, Agassi, Kuerten, Kafelnikov y Krajicek, entre otros.

Su caso, no constituye un hecho aislado. El propio Spadea encadenó más de 10 derrotas en otro momento, algo menos que su compatriota Donald Young que llegó a 17 caídas o el kazajo Andrei Golubev quién totalizó 18 contrastes. Es algo que ocurre en el ultracompetitivo mundo del tenis y puede acabar convirtiéndose en una verdadera pesadilla.

La victoria de Nicolás Jarry (77) sobre John Patrick Smith (301) en la primera ronda de las clasificaciones del ATP de Adelaida, lo sacó al fin de este perverso listado y puso término, de paso, a una contabilidad que superaba los seis meses de sequía. Check azul a una de las tareas inmediatas como era volver a ganar un partido después de 12 derrotas en línea.

El problema es que 24 horas después y ante un rival de ránking similar como el australiano Tommy Paul (90), Jarry no logró consolidar la mejora ni ciertos indicios favorables que exhibió en la ATP Cup y se inclinó por 6-3, 6-2 demostrando que tiene por delante un largo trabajo para alcanzar su mejor estado de forma. ¿La clave? Algo con que el número dos de Chile cuenta de sobra: disciplina y perseverancia. Desde ahí, Dante Bottini, su nuevo entrenador, debe encontrar la llave del cambio y dotarlo de los recursos necesarios para volver a ser un jugador peligroso para cualquiera.

La foto reciente indica, pese a perder sus tres partidos en el torneo por países, que tuvo momentos interesantes frente a Benoit Paire (24) en el primer confronte –set arriba y quiebre a favor en el segundo parcial– y ante el serbio Dusan Lajovic (34) a quien debió ganarle el segundo capítulo. Incluso en la derrota frente al sudafricano Lloyd Harris (99), su peor match del torneo, estuvo en ventaja, con una ruptura a favor en el set inicial antes de desmoronarse en la cuenta. En otras palabras, su irregularidad, su bloqueo temporal para ganar esos encuentros no alcanzaron a ocultar los aspectos positivos de su tenis. La base está intacta, es cuestión de reducir los baches de inconsistencias, las lagunas en su juego.

Tras someterse en diciembre a una intensa pretemporada junto al excoach de Key Nishikori ya se advierten ciertos elementos distintivos. Mejora en el porcentaje de primeros servicios, mayor seguridad en el revés, perseverancia en los cierres en la red y, esencialmente, un intento por trabajar más la jugada. El armado del punto. Una faceta crucial para cualquier tenista. Durante la ATP Cup fue habitual escuchar a Bottini instruir al chileno sobre ese aspecto. Al debe aún está ecualizar esa arma mortal que tiene en la derecha respecto de la cantidad de errores no forzados.

Con todo, el año recién se inicia y la sociedad con Bottini está en su fase preliminar. Luego del paso por el Abierto de Australia llegará la gira sudamericana en arcilla, donde hasta ahora ostenta sus mejores resultados. La superficie ideal, además, para coordinar sus movimientos y afinar la efectividad de sus tiros. Esto recién comienza. A recuperar confianza, trabajar con convicción, afirmar la cabeza y ganar partidos que lo mejor está por venir.