26 del mundo y va por más

A Cristián Garin nunca le gustó mucho el apodo de Tanque, prefería por lejos que le llamaran Gago como le decían sus amigos más cercanos o sus primeras redes sociales. Hallaba que un blindado de guerra no era la mejor comparación, más cuando una vez instalada no hay vuelta atrás para un deportista de alto rendimiento. A fin de cuentas e independiente de la anécdota, prevaleció su deseo. Hoy es Gago para la gran mayoría.

Pero saben algo, el apodo no estaba mal puesto. Su victoria de este domingo ante Diego Schwartzman en Córdoba, su cuarta final y tercer título en menos de un año, fue una nueva demostración de los atributos que dieron origen al seudónimo. Ese tenis potente, energético que, cuando está en una buena semana, combina con una gran capacidad para jugar bajo presión. Porque Gago efectivamente es un tanque, pero un tanque turbo que demuele, que vuela en la cancha y al que no le entran balas al momento de encarar el estrés de una definición.

En efecto, el vigor del juego del número uno de Chile fue capaz de arrollar a Schwartzman en el tercer set, una gracia que muy pocos pueden contar. De hecho, son escasísimas las veces que el Peque perdió un partido en arcilla habiendo ganado el primer set. Garín lo venció, de visita, con el estadio en contra, jugando en Argentina. Schwartzman es un competidor nato, un luchador inclaudicable, uno de los tipos más veloces y cerebrales del tour. Ganarle una final redobla el mérito.

Aunque su primera final ATP fue hace poco menos de un año, Gago dio también un paso importantísimo para consolidar su ranking: ganar un torneo el primer trimestre de 2020. Suele ocurrir que muchos jugadores que irrumpen con fuerza no consiguen mantener el nivel durante la temporada siguiente. Garín, pese a que hoy todos lo conocen, han estudiado y saben sus fortalezas y, eventualmente, sus debilidades, sigue ganando y mejorando en la clasificación mundial. Una señal relevante de que progresa día a día y que lo mejor está por venir.

La secuencia de finales en Sao Paulo, Houston, Munich y Córdoba acredita, de paso, su perfilamiento como un sólido especialista en arcilla. Los números son evidentes y confirman su fortaleza sobre esta superficie donde se desplaza con la naturalidad propia de su formación. Gago, conjuga el talento ya conocido, con una potencia diferenciadora y un notable nivel de profundidad en sus tiros. La ecuación es simple, a mayor confianza, mejores decisiones y resultados. El ranking viene por añadidura: este lunes amaneció como el vigesimosexto tenista del planeta. Notable.

Veintiún meses después de la derrota ante Tommy Robredo en el Challenger del Club Manquehue (partido cerrado con torsión de tobillo incluida), el público chileno podrá ver nuevamente a Garín en el Abierto de Santiago. Ahora convertido en un jugador de elite, en un top 30, al que algunos desde la ansiedad y desconocimiento quisieron apurar y no respetaron su proceso. Se equivocaron rotundamente. El ultraprofesional mundo del tenis es así, tiene sus tiempos y no son iguales para todos. Gago luce apenas 23 años y está donde miles quisieran estar. Bien por él, familia, equipo y todos quienes lo apoyaron en el camino.