El error garrafal que no debe cometer el fútbol chileno

El fútbol debe volver, no cabe duda. Si en Alemania, una de las competencias más eficientes y ordenadas del mundo, que la Bundesliga vuelva a disputarse es un asunto de supervivencia, que podemos esperar del resto. Sobre todo en Chile, donde en mucho más de medio año solo se han jugado siete fechas del Campeonato Nacional. Primero el estallido social y luego la pandemia del coronavirus pusieron a la actividad en jaque. Retornar a la competencia, a estas alturas, ya es también un asunto de supervivencia.

Desde el Ministerio del Deporte dijeron que los planteles podrían retomar los entrenamientos a partir del 1 de junio, en solo tres semanas más. Bajo esa lógica, la octava jornada en Primera División se llevaría a cabo a mediados de julio, luego de la puesta a punto de los jugadores.

Lo que deja algo descolocado en todo esto es que los anuncios llegan justo en medio de un fuerte incremento de los casos de Covid-19. ¿Acaso no sería más lógico plantear un retorno de la actividad cuando los notificados positivos a coronavirus vuelvan a encauzarse en el rango anterior por debajo de 500 personas? Hoy diariamente no bajan de 1.000 las chilenos que empiezan a cursar la enfermedad.

Como si la contingencia no quisiera dar su brazo a torcer, justo cuando el protocolo de sanidad ya está listo para la vuelta a entrenamientos e incluso surgieran fechas tentativas para que esto finalmente ocurra, Everton informó sobre un posible caso de coronavirus en el plantel y el hecho puso en alerta. Sin embargo, en el Colonia de Alemania y en la Fiorentina de la Serie A pasó lo mismo, por lo que está claro que los futbolistas convivirán con el virus de aquí para adelante. No solo ellos, también todos nosotros. 

Será uno de los riesgos que afrontarán en las semanas que vienen. De hecho, los expertos anuncian que aparecerían más casos -y lo lógico es que en Chile también- pero la clave será detectarlos a tiempo, aislarlos y poner en marcha el protocolo que frene el contagio colectivo.

Cuesta pensar en un fútbol así, siempre al borde del precipicio en un tema de salud general para todos sus actores, que no son solo los futbolistas. El plantel es solo la cara visible en una actividad que involucra a cientos de personas y de ahí también la necesidad de que retome su continuidad. El bienestar de mucha familias depende de que la pelota vuelva a circular en el terreno de juego.       

Junto al tema de salud general de los jugadores, habrá también en juego un asunto de bienestar físico. En Europa, cuando ya se avizoraba el posible retorno de las competencias, médicos deportólogos hicieron un llamado a la prudencia. De hecho, anticiparon que una ola de lesiones musculares puede estar incubándose entre quienes estuvieron cuatro, cinco o seis semanas encerrados en sus casas, realizando actividades físicas de mantenimiento que poco o nada tienen que ver con los requerimientos reales del fútbol.

No por nada, la FIFA acaba de elevar a cinco el número de sustituciones durante un partido como también la cifra de jugadores disponibles en la banca. Ahora pueden llegar a 12 los sustitutos en un encuentro. La cifra resultaba inimaginable hace algún tiempo y solo en los Mundiales ocurría algo parecido. Pero era en una Copa del Mundo, el evento máximo del fútbol, algo que solo ocurre cada cuatro años y sin duda que esta trascendentalidad justificaba tanta gente en la suplencia.

Los futbolistas se mueven en la cancha gracias a la acción de sus músculos y en estas estructuras corporales la contracción que predomina es la de tipo excéntrica. Maniobras de freno y salida, cambios de dirección y sentido, salto, caída y aceleración, todas con el balón como gatillante de los movimientos, exigen así a la musculatura. La totalidad de los actividades en casa son incapaces de reproducir tal exigencia y por eso la alarma en Europa por la ola de lesiones musculares que puede venir, junto al regreso a la competencia.

Arturo Vidal, en su retorno a las prácticas con el Barcelona, tocó tangencialmente este último asunto, aunque desde de una óptima distinta. "Nunca antes había entrenado tanto", señaló el chileno. Recordaba la exigente pauta de actividad física que siguió en casa, la que incluyó el desafío en la redes sociales de recorrer 10K y luego 5K arriba de una máquina trotadora en determinado lapso de tiempo.

Lo cierto es que Vidal, siempre presente en la cancha a raíz de su escasa vulnerabilidad a las lesiones, seguramente hacía referencia a que nunca antes entrenó tanto en algo que no tiene que ver mucho con el fútbol. ¿Acaso recorrer 10K en una trotadora es lo mismo que hacerlo en un partido de la liga de España?

Sin embargo, era lo único que se podía hacer, no quedaba otra, peor hubiera sido la paralización. Aunque está claro que los jugadores, en su regreso a la competencia y por la exigencia motriz y muscular del fútbol, no solo deberán mantenerse a cuidado del acecho del coronavirus. Habrá también otra peligrosa amenaza.