La nueva patria de Charles

"Me quedaría para siempre en Alemania". Lo dijo Charles Aránguiz, así de categórico, sin ninguna duda, con la confianza de estar en el sitio indicado para seguir manteniendo en alto su carrera futbolística. Justo hace unos pocos días, el Bayer Leverkusen había anunciado su renovación hasta el 2023, en un vuelco inesperado luego de que en diciembre no hubo acuerdo para firmar un nuevo contrato.

Parecía que el chileno se iría de Alemania y su nombre sonó incluso en clubes grandes de Europa, pero hoy los hechos y sus palabras dejan entrever que finalmente parece haber encontrado el lugar perfecto. Como antes sin duda lo fue la U, por su gran nivel futbolístico y la multiplicidad de títulos logrados.

Era, tal vez, el momento para haber tentado suerte en un gigante de la propia Bundesliga o recalar en un grande de las competencias más importantes del fútbol europeo. Sin embargo, el supuesto interés del Bayern Munich, al parecer, no fue tal. Lo mismo, se vislumbra, aconteció con el Inter de Milán. La opción del Paris Saint Germain da la impresión de que también tuvo un sustrato especulativo.

En este plano hay un aspecto que echa por tierra el mar de comentarios en torno a nuevos destinos. Con Aránguiz se pudo negociar como jugador libre, lo que hubiera facilitado todo, pero incluso esas ventajas en las tratativas no concretaron el posible paso a un club top.

Ya no fue y punto. Aunque igual nos hubiera encantado darnos el gustito. Haberlo visto sometido a una exigencia mayor, con la presión de ganar sí o sí, disputando el puesto con una figura del fútbol internacional y obligado, por lo mínimo, a llegar a cuartos de final en la Champions League.

Habría sido una realidad superior, en la que seguramente hubiera respondido, con el juego productivo y lúcido que lo distingue. La materialización de esos vaticinios habría tenido para todos nosotros un sabor especial, por el apego futbolístico que genera Charles. No ocurrió y lamentarse es solo perder el tiempo.

Lo real es que seguiremos viendo a Aránguiz en la Bundesliga. En absoluto es una mala noticia, porque el chileno desde el comienzo calzó justo con el fútbol que se desarrolla en Alemania. Hoy lo valoran transversalmente en la competencia germana.

A comienzos de la década del 2000, los alemanes se enamoraron del 'Fútbol de toque' y, con una labor fuerte en sus bases, intentaron implementarlo. Jurgen Klisman, entonces DT de la selección mayor, fue la cara de este proceso. El comienzo resultó duro: en el Mundial, como locales debieron resignarse solo con el tercer lugar. Sin embargo, la recompensa llegó algún tiempo más tarde, gracias al merecido título en Brasil 2014.

Balón a ras de piso, generación dinámica de secuencias de pases, preeminencia del ataque por sobre la defensa, valor de la posesión como un recurso fluido para ir hacia el arco contrario, vertiginosos apoyos de ruptura y maximización del uso funcional del control orientado. Lo anterior redondea lo que frecuentemente se observa en la Bundesliga cuando vemos a Aránguiz en acción.

Con matices, por cierto, en función de la jerarquía de cada plantel. No obstante, el hilo conductor en la mayoría es la intención permanente de no rehusar al juego, actuando con pulcritud, sin hacer olvido de los componentes estéticos. Esto último, a la alemana, con un sentido adusto, prolijo, buscando la productividad. De todas maneras atrae, por la intensidad implícita en la propuesta y la presencia de un chileno.   

En este escenario, a Aránguiz solo le pudo ir bien, como así ha resultado hasta ahora. Si cumple a cabalidad su contrato, serán seis los años de experiencia en la Bundesliga, una historia que el más reputado futbolista chileno quisiera contar. ¿Será acaso Alemania la nueva patria del puentealtino?