Mortalmente parecidos

Poco a poco vuelve el fútbol en Europa y los referentes de la generación dorada suman minutos, son suplentes o cambian de equipo dependiendo su propia realidad. Vidal, Aránguiz, Alexis, Bravo, Medel e Isla, los sobrevivientes europeos del entrañable equipo bicampeón de América y finalista de la Copa de las Confederaciones, encaran un año complejo en el tramo final de sus carreras al más alto nivel. Estos seis baluartes y otros tantos en distintas latitudes viven el último tercio de sus exitosas trayectorias.

El legado de este grupo de jugadores es innegable, tremendo, más allá de eventuales comparaciones con la selección de Francia '98 y los próceres del Mundial del '62. Finalmente, cualquier paralelo es parte del juego, de la conversación futbolera, un ejercicio periodístico razonable, pero no mueve un ápice la herencia de una generación que quedará marcada a fuego en nuestra historia por sus dos inéditos títulos, haber clasificado de manera consecutiva a dos copas del mundo y vuelto a ganar en un mundial, fuera de casa, después de 50 años.

Lamentablemente, en un aspecto muy relevante y no por su injerencia, la Roja de Bielsa – Borghi – Sampaoli – Pizzi y Rueda no dejará un legado en infraestructura. Por cierto, no es algo que le compete a los jugadores, pero sí a quienes administraron la ANFP durante la última década y los que vendrán en los años sucesivos. Hoy con la crisis financiera mundial que golpea ferozmente la economía chilena, pensar que Pablo Millad o Lorenzo Antillo van a pagar esa deuda tiene poco sustento. Todo indica que Juan Pinto Durán de Avenida las Torres seguirá siendo la casa de la selección durante mucho tiempo más.

Del mismo modo que en tenis donde los años de gloria de Ríos, Massú y González no tradujeron en la modernización del Court Central del estadio Nacional y menos en la construcción de un centro de entrenamiento a nivel de mar como dictaba el criterio técnico, el fútbol chileno desaprovechó también una oportunidad única para dotar a las nuevas generaciones de un recinto de estándar internacional acorde a calidad y logros del combinado nacional en los últimos años. El proyecto, en rigor, estuvo a pasos de concretarse pero el término de la administración de Arturo Salah y, sobre todo, la prematura salida de Andrés Fazio del directorio de Sebastián Moreno sepultó una iniciativa que llegó a ser prioritaria en las oficinas de Quilín.

El plan, que implicaba el traslado de Pinto Durán a un terreno de 15 hectáreas en el sector de la Platina, en la comuna de la Pintana, estaba en acuerdo con el Serviu y contemplaba la construcción de ocho canchas de fútbol con dimensiones profesionales e instalaciones independientes de primer nivel para todas las selecciones (adulta masculina y femenina, menores, futsal y futbol playa). La Roja mayor tendría ahí un espacioso lugar de concentración, dos canchas de césped natural y una de pasto sintético.

El recinto estaba inspirado en el campo de entrenamiento del Feyenoord y el convenio con el ministerio del ramo establecía la conservación patrimonial de la casa de la comuna Macul (no así de las canchas que iban a dar paso a un proyecto de viviendas sociales) como un museo. La renuncia de Fazio y el despido del equipo que trabajaba en su concreción, cuyo costo aproximado era de 20 millones de dólares y contaba con oferentes preliminares interesados en la eventual licitación, hizo que el proyecto retrocediera a fojas cero. La gran mayoría de los clubes, preocupados de otras materias, nunca le asignaron real importancia y la debilitada directiva de la ANFP, ya sin el vicepresidente en sus filas, le restó toda urgencia al tema. En síntesis, fue un trabajo en vano.

Hoy, ad portas de un nuevo proceso eleccionario, y con la generación dorada aún activa sería más que deseable que el presidente entrante, además de agilizar la separación de la ANFP y la Federación de Fútbol de Chile, restituya esta iniciativa. Aunque haya que empezar de cero y pensar en un proyecto más austero a raíz de la brutal contracción financiera que se está produciendo. En estos tiempos y después de lo que ganó la Roja, no es presentable que dos selecciones no puedan entrenar al mismo tiempo en Pinto Durán porque solo una de las canchas tiene dimensiones reglamentarias. No se condice con el posicionamiento internacional de la última década.

A ver si no repetimos la historia del tenis donde el enorme legado de un ex número uno del mundo y dos medallistas olímpicos hoy sólo está en nuestras memorias y archivos de YouTube.