El otro protocolo: el cerebro

El deporte se ha vuelto a activar. El fútbol principalmente, y otros deportes olímpicos, han vuelto a entrenar bajo estrictos protocolos que se van desarrollando en distintas fases para llegar a una nueva normalidad. Protocolos muy necesarios para entregar seguridad a quienes hoy se ven expuestos: los deportistas.

Pero existe un protocolo mucho más individual y muy relevante en este retorno: el del cerebro. ¿Qué la pasa al cerebro con estos cambios? ¿El cerebro se adapta rápidamente a nuevos entornos, a nuevas rutinas?

La psicología, la neurociencia, e incluso desde la sociología, áreas importantes en el estudio del ser humano, nos ratifican que el cambio es difícil, porque para el organismo es delicado, frágil, caótico y complejo. La mente tiende en todo momento a buscar equilibrios, lo que se conoce como la homeostasis, por tanto, todo lo que vaya en detrimento de eso, de romper con ese equilibrio, produce dificultades.

Esto es lo que pasó con cada deportista al iniciar la cuarentena y lo que le pasará, seguramente, ahora con el retorno: la búsqueda para adaptarse a los cambios.

Los cambios muchas veces, significan conflictos porque se abandona un estado de confort (recordar que el cerebro es un especialista en permanecer en la zona de confort, dado que su objetivo esencial es posibilitar la sobrevivencia de cada uno). Y abandonar esa zona genera ansiedad, por ende, sería “normal” que en este nuevo modo de funcionar, el deportista no se sienta cómodo, y perciba cierto displacer y requiera tiempo para adaptarse.

El cerebro, además, tiende a rechazar los cambios, sobretodo aquellos inmediatos y que no se han planificado adecuadamente. También el cerebro tiende a rechazar los cambios porque es tremendamente hedonista. El cerebro día y noche busca dos cosas: generar placer y evitar el dolor, por tanto el cambio, que es en la mayoría de las veces dolor, tiende a no ser compatible con la función cerebral.

Pero la buena noticia es que el cerebro tiene un gran potencial de cambio, es sumamente plástico y puede cambiar todos los días. ¿Qué se requiere para que un cerebro se alinee con el cambio? Querer cambiar y entender que el cambio es beneficioso para funcionar mejor. Por ello se hace necesario respetar protocolos, cumplir estrictamente las medidas impuestas y adherir a la planificación establecida para los entrenamientos. Es decir, depende en gran medida del propio deportista, el poder equilibrar acciones rápidas y necesarias (nuevos protocolos, nuevas rutinas, etc.) para asegurar la sobrevivencia (volver a entrenar, volver a competir) con las decisiones a largo plazo y la comprensión de lo necesario de estas medidas.

En resumen, todo cambio a nivel cerebral requiere fundamentalmente de pensamientos y creencias de que lo que está pasando será positivo.

Convencer al cerebro de que los cambios pueden traer beneficios depende de la visión, de los pensamientos y de las emociones que cada uno genere en torno a este proceso.

Por tanto es fundamental para que un deportista pueda “sobrevivir” a este nuevo modo de entrenar, y muy probablemente, a nuevo modo de competir, desarrollar la actitud y la motivación para el cambio. La mente, que son los pensamientos y emociones, cumplirán un rol fundamental para adaptarse a estos nuevos tiempos…