El vaso medio lleno

Independiente de que viniera con confianza y ganando partidos un australiano en arcilla siempre será un rival conveniente y más en Roland Garros donde las batallas son largas y la especialización, por lo general, termina por inclinar la balanza. Cristian Garín (19), un connotado jugador de polvo de ladrillo, tuvo un partido apretado, a ratos sufrido, pero se impuso como dictaba la lógica a Marc Polmans (122) y se instaló por primera vez en su carrera en la tercera vuelta de un grand slam.

El hito no extraña, más allá de que los triunfos ante Philipp Kohlschreiber (86) y Polman hayan sido en cuatro sets y sin mostrar su mejor expresión tenística. Si algo es relevante en el ultracompetitivo mundo del tenis profesional es saber adaptarse a las condiciones (frío otoño y pelotas de una marca nueva en Paris que se ponen más pesadas de lo acostumbrado), estar firme de cabeza para sortear los momentos difíciles y, sobre todo, ganar jugando bien solo a ratos.

Tal como dijo Andres Schneiter tras la victoria inicial, la expectativa del cuerpo técnico de Gago era que subiera su nivel y este jueves aunque mantuvo cierta irregularidad fue capaz de superar a un jugador que venía prendido y no tenía nada que perder. Polmans si bien entró al cuadro como perdedor afortunado (lucky looser) había ganado dos partidos en la clasificación y conseguido un estupendo triunfo en primera vuelta frente al emergente francés Ugo Humbert (38). Los tenistas galos son jugadores todoterreno, completos ya que se forman en un país con una infraestructura envidiable.

Garín está entre los 32 finalistas del abierto de Francia gracias a su innegable crecimiento, a una madurez que le permite salir con oficio de los momentos de aflicción. Tiene 24 años, pero 9 grand slam a cuestas y el aprendizaje es evidente. Cada vez, especialmente en arcilla, debiera ser mejor, un animador constante de la segunda semana.

A esta altura, la gracia de Gago es que sus rivales lo conocen, pero aun así en no pocos partidos logra imponer sus términos. Hizo una muy buena pasada por Hamburgo y está siendo competitivo en Roland Garros. Llamativo, y ahí radica un mérito importante de Schneiter, es cómo busca nuevas soluciones y agrega lúcidos cierres en la red a su consistente juego de fondo, especialmente de revés. Si el número uno de Chile está sólido con el derecho y su porcentaje de primeros servicios se empina sobre un 65% puede ser un rival de cuidado para cualquiera.

Este sábado, Gago dispone de una oportunidad de oro para avanzar a octavos de final y citarse con Djokovic en la cancha central. Antes deberá doblegar al durísimo Karen Kachanov, un viejo conocido, contemporáneo, que fue 8 del mundo y hoy amenaza a quien se le ponga por delante desde el decimosexto puesto del ranking ATP. El ruso ha jugado el doble de majors que Garín y tiene 30 victorias en este tipo de campeonatos. Saca fortísimo, la azota desde ambos lados, pero no se mueve tan bien. Es un rival de mucho cuidado.

Tal como dicen sus redes sociales Garín cree en el proceso y va por la senda correcta, avanzando, logrando nuevos hitos, a su ritmo. Es lo valioso, lo que se debe rescatar por mucho que sus críticos solo reparen en su lenguaje corporal y hallen tierra fértil en sus derrotas. Decenas de países, con mayor población, torneos e infraestructura quisieran tener un top 20. Chile cuenta con uno y más allá del legítimo ejercicio de analizar semanalmente su rendimiento, lo que corresponde es resaltar sus logros y el estatus que miles de tenistas en el mundo quisieran tener.