¿Qué busca Garín?

En el tenis profesional existen jugadores que pueden tener el mismo entrenador prácticamente durante toda su carrera como Gustavo Kuerten (Larri Passos) o Rafael Nadal que trabajó por más de dos décadas con su tío Toni, otros que se las arreglan solos como algunos que están en el tramo final de sus carreras o la inmensa mayoría que van haciendo cambios según sus objetivos.
Cristian Garín está en este último pelotón y como sabemos después de dos años puso fin a su relación con el argentino Andrés Schneiter quien lo recibió en la frontera de los 150 primeros del mundo y lo acompañó hasta los 20 mejores del ranking ATP. Públicamente la separación fue en los mejores términos, con afectuosos mensajes de ida y vuelta en las redes sociales. Hicieron un estupendo trabajo, los números están a la vista, son concluyentes.

Como en toda relación de estas características, el desgaste de la sociedad, en un contexto de máxima competitividad y una temporada inédita, hizo a Garín tomar la decisión de separarse. En su fuero íntimo el número uno de Chile sabrá las razones de fondo de su determinación, pero en algunos círculos bien informados ya se hablaba del deterioro de la relación profesional tras Roland Garros.

Lo concreto es que Gago puso término al vínculo con su cuerpo técnico y mantuvo en su puesto al kinesiólogo chileno Cristián Madariaga con quien tiene una estrecha relación (al punto que lo está acompañando en los últimos torneos del año) consciente que debe tomar una decisión tranquila, estudiada y que genere el cambio que busca. El ariqueño confía en el proceso y quiere seguir creciendo, a su ritmo, con aire fresco, presión controlada y objetivos relevantes de corto y mediano plazo… pero a su manera.

Gracias a su construcción de los últimos años, Garín se armó de una base, de un fondo tenístico que le permitirá, por lo bajo, estar en el top 50 durante muchos años. Desde ahí su propósito es consolidarse como top 20 y preparar el asalto a los 10 sin que ello signifique roces innecesarios o tensiones asociadas a un partido en específico. Oportunidades tendrá, ya cuenta con el nivel adecuado y solo debe hacer ciertos ajustes. Sumar horas de vuelo y experiencia en instancias decisivas de los grandes torneos que es donde se edifica el crecimiento y la mejora en el ranking.

A esta altura, Garín es un jugador hecho y derecho, un portento en lo físico, poseedor de uno de los mejores reveses del mundo y con un saque y derecho correctos, aun con cierto margen para mejorar. Que debe trabajar lo emocional es un dato, pero también lo es su innegable capacidad para sortear momentos complejos. Como dijo Fernando González, quizá al caminar se le nota cuando las cosas van mal, pero ello no significa que resigne tempranamente sus partidos. Muchos los ganó habiendo perdido el primer set.

No es fácil ser coach y menos un jugador top que está pasos de la elite. El trabajo profesional y la convivencia es una ecuación que no todos logran resolver y consolidar en el tiempo. Garín optó por un cambio radical. Qué le vaya bien, por su bien y del tenis chileno.