¿Qué somos?

Se va un infame 2020 y con éste un proceso de la selección chilena que deja una multiplicidad de dudas y pocas certezas. El dato objetivo relevante es que el combinado nacional está fuera de la zona de clasificación y repechaje al Mundial de Catar 2022 y registra un exiguo rendimiento de un 33,33%.

La Roja experimentó una severa involución en su visita a Caracas y la expectativa de seguir mejorando se desmoronó como un castillo de naipes. Venezuela rompió la historia a costa de Chile y desnudó una de sus principales falencias: la incapacidad para cerrar los resultados en los últimos minutos. En tres de sus cuatro partidos por las Clasificatorias el equipo de Rueda encajó un gol a contar del minuto 80. Con una mayor cuota de solvencia, podría estar invicto y tener cuatro puntos más.

Este hecho, es solo la constatación de un déficit mayor que refiere a la evidente irregularidad en su juego. Sacando la visita a Montevideo, donde no sólo no debió perder sino que fue despojada por el árbitro paraguayo Eber Aquino, ante Colombia tuvo un marcado declive en el segundo tiempo, lo mismo que frente a Perú. En Caracas, fue al revés, Chile jugó mal en la primera parte y no fue capaz de consolidar su mejora en el complemento. El empate, vistos los resultados de la fecha, no hubiese sido un mal negocio.

Las cuatro fechas de octubre y noviembre dejaron en evidencia la enorme dependencia de Alexis y Vidal, autores de los cinco goles de la Roja en esta doble pasada. Más allá de que Vidal no exhibiera su acostumbrado despliegue frente a Venezuela y que Sánchez estuviera algo errático en su afán de recogerse para entrar en contacto con el balón y abastecer a Isla, Beausejour, Mora y Meneses, ambos son jugadores excluyentes, indispensables. Chile tiene un peso específico distinto en el campo de juego.

El problema de que Chile esté supeditado de esta manera es el gran dolor de cabeza (y tarea de corto, mediano y largo plazo) de Reinaldo Rueda. La Roja tiene gol gracias a los cracks del Inter y, en un plano más amplio, al resto de los miembros de la generación dorada. El recambio aportó coyunturalmente, de forma discontinua, pero no generó una solución concreta en este importantísimo rubro. Hubo jugadores nuevos que respondieron, sí… otros algo mayores que son importantes como Pulgar, también… pero la fuerza, la base, la jerarquía la siguen poniendo Bravo, Isla, Aránguiz, Vidal y Sánchez.

Independiente de quienes creen que Chile puede volver a jugar como lo hacía entre 2014 y 2016 con otro entrenador, discurso y método de trabajo, hay que tener sentido de realidad y asumir que las figuras de la generación dorada superaron hace rato la barrera de los 30 años y pese a envejecer bien desde el aspecto deportivo, tienen hoy otros tiempos de recuperación. Las lesiones de Medel, Aranguiz y el propio Alexis así lo evidencian. Beausejour, de muy buen cometido frente a Perú, no fue el mismo en Caracas. Entre la humedad y las escasas horas entre partido y partido le pasaron la cuenta. El sector izquierdo de Chile el martes pasado reprobó sin dos opiniones.

Con todo, hay que irse acostumbrando a que Chile ya no tiene el estatus de hace casi un lustro, de aquel brillante bicampeón de América o finalista de la Copa de las Confederaciones. Aquel nivel, inédito, superlativo, que despertaba la admiración del mundo entero es cosa del pasado. La Roja hoy podrá competir, ir al frente, tener vergüenza deportiva, ser un equipo de respeto como en la Copa América de Brasil, pero está un par de peldaños más abajo respecto de sí misma. Si Rueda o quién sea logra que esta selección juegue un 70% u 80% de ese equipo puede llegar a Catar y cumplir dignamente.

El técnico colombiano hizo la pega, reclutó, buscó, probó y dio oportunidades. Pero no es Mandrake el Mago. La selección finalista de un mundial sub 20 fue Venezuela, no Chile. Acá existen generaciones perdidas y otras como la de los nacidos en 1997 con un potencial enorme pero donde sólo Sierralta tiene por ahora cabida. Qué decir del 9. Basta mirar la tabla de goleadores del fútbol chileno para darse cuenta que todos son extranjeros. Hay temas estructurales que conspiran contra la elegibilidad de un universo mayor de jugadores.

Si algo se le puede achacar a Rueda en el inicio del proceso clasificatorio es que pudo leer mejor el desarrollo de los partidos y hacer ajustes antes de que el equipo se echara atrás o perdiera la pelota (aunque tampoco tenía mucho donde elegir porque la Roja sigue teniendo solo 13 o 14 jugadores de un nivel similar). La clave y lo que se extraña sobremanera es una identidad mayor, que honre la historia reciente y se adapte a la edad y momento de los sobrevivientes de la generación dorada. Si Bielsa en su momento logró extraer lo mejor de sus jugadores fuesen titulares o no en sus clubes y Sampaoli seducirlos y comprometerlos desde el método con el discurso del escudo y el amateurismo, esa ecuación hoy es difusa o, al menos, no se plasma en un juego atractivo, protagonista e identitario. Mientras ello no ocurra, la Roja seguirá en el limbo.