Pásenle la Selección a Fuentes

Cuentan los testigos que una de las primeras medidas que tomó Ronald Fuentes a su llegada a Unión Española fue reunirse con todos sus zagueros centrales –puesto en el que brilló en su época como jugador– y les exigió salir jugando desde el fondo. “Nada de reventar el balón, si se equivocan, yo asumo toda la responsabilidad”, les garantizó.

El paso de Fuentes por Unión está a la vista. A falta de 12 fechas para el final, habiéndose jugado dos tercios del campeonato, el equipo hispano figura tercero, clasificando a la Copa Libertadores 2021 y a tiro de cañón de los punteros. Gran campaña, con un plantel corto y lejos de las planillas mejor pagadas del fútbol chileno. Es más, los rojos de Santa Laura integran una de las tres nóminas de sueldo más bajas del campeonato local.

Puede decirse, con razón, que el mundialista de Francia 98 es un técnico inexperto internacionalmente, que aún no completa un año dirigiendo tras un paréntesis de tres temporadas luego de entrenar a Universidad de Concepción en 2015/2016 y que estamos hablando de un desafío de otra envergadura, pero Fuentes debería ser el próximo seleccionador nacional. En un contexto donde está acreditado que Reinaldo Rueda perdió todo el respaldo del directorio de Pablo Milad y debiera regresar a su país, salir a buscar un técnico que, más allá de su calificación, deba estudiar y familiarizarse con el medio es un lujo que la Roja no se puede permitir. Chile sumó 4 puntos sobre 12 posibles y está bajo la línea del repechaje. No está para procesos. No hay tiempo. Los partidos de marzo frente a Paraguay y Ecuador están a la vuelta de la esquina.

Entrenadores con pergaminos, y de los otros, siempre habrá. El día que se anuncie la salida de Rueda se dará inicio al festival de currículum en las oficinas de Quilín, pero un alto porcentaje de las propuestas no serán más que fichas de representantes oportunistas o de técnicos sin el más mínimo apego por el proyecto y la historia reciente de la generación dorada. Por eso, el cambio, el reemplazante de triple R, debe ser un entrenador caladísimo o una apuesta con bases y expectativas sólidas como Ronald Fuentes.

Para el adiestrador hispano, asumir la Roja sería un megadesafío, un compromiso profundo, una oportunidad irrepetible. Entre Pellegrini, que está en el tramo final de su carrera, viene de dos campañas irregulares en el fútbol chino e inglés y actualmente surfea con dificultades en la liga española, y Fuentes hay un abismo de experiencia y logros en la elite del fútbol mundial, pero este último tiene la energía a tope y un valor agregado: conoce el medio de arriba abajo. Un aspecto relevante considerando que a Chile no le sobra nada y queramos o no habrá que hacer la campaña, la carrera a Qatar 2022, con un número importante de jugadores del medio local.

Fuentes, muy a menor escala en Unión, también ha sabido administrar un plantel corto y mejorar jugadores de manera evidente como Galdames, Méndez, Sandoval, Nuñez y Carlos Palacios, entre otros. Si en la Roja cuesta hallar dos futbolistas por puesto, en el cuadro hispano se las ha arreglado con 17 jugadores más una docena de jóvenes. Mérito indesmentible y potencialmente proyectable a la selección adulta.

En esa línea, e ignorando si alguna vez lo volvieron a hablar nuevamente, el complemento perfecto sería Miguel Ponce con quién hace un tiempo evaluó trabajar en equipo. Ambos son contemporáneos, cercanos, se conocen del fútbol y de la U y tienen concepciones futbolísticas similares. El actual técnico de La Serena, de amplio bagaje en el fútbol joven y selecciones menores, aportaría una faceta trascendente, la evaluación, seguimiento y desarrollo de las nuevas camadas. Un ejemplo: fue técnico de Sierralta, Lobos, Carreño, Rebolledo y Vargas, entre otros, en las cadetes de Católica y dirigió a jugadores como Simón Ramírez, Camilo Moya e Ignacio Saavedra en el Mundial Sub 17. Información calificada y necesaria para los tiempos que corren.

Lo más fácil una vez consumada la salida de Rueda es sacar la chequera, pagar dos millones de dólares por temporada y traer a un técnico extranjero de cierto renombre. Una decisión de ese tipo, además, atenuaría eventuales críticas porque si al hombre le va mal sería más su fracaso que de la federación chilena. Pero con Holan o Fuentes, nos ahorramos la vuelta larga. Definitivamente llegó la hora de un mayor pragmatismo. De gente capaz, con teléfono conocido y a media hora en auto de una reunión. De Santa Laura, al privado que elija Pablo Milad. No es tan difícil.