Cañete no es Montillo

Marcelo Cañete fue oficializado hace unos pocos días como nuevo jugador de Universidad de Chile. Sin embargo, sobre la llegada del ex volante ofensivo de Cobresal se empezó a hablar semanas antes de que concluyera el Campeonato Nacional. En el cuadro azul estaban plenamente convencidos de que sí o sí el reemplazante de Walter Montillo tenía que ser el argentino-paraguayo.

Méritos le sobran a Cañete para ponerse la '10' de la U durante el 2021. Su desempeño fue notable en la temporada pasada, sobre todo en la recta final del torneo, etapa que suele generar la falsa sensación de que las cosas siempre ocurrieron de esa manera en todo el curso del calendario futbolístico.

Desde el primer día que actúe con la camiseta de la U, Cañete será comparado con Montillo y la pega no se visualiza fácil, en un comienzo, para el ex Cobresal. El ídolo azul cuenta con un apoyo transversal de los hinchas, quienes seguramente se quedaron con las ganas despedirlo en las tribunas. Cada día que pase su figura será más potente, asignándole nuevos y mayores rasgos futbolísticos. Así es la nostalgia del hincha respecto de los grandes jugadores.

El gran escollo para Cañete radica en el perfil diferente que posee en relación a Montillo. El nuevo '10' de los azules es un volante ofensivo Habilitador, mientras que su retirado compatriota fue un mediocampista de ataque Encarador. Comparten el mismo espacio en la cancha (por el eje ofensivo y detrás del o los delanteros), pero sus comportamientos son distintos.

La vida de Cañete en el terreno de juego consiste en ceder el balón, en hacer entrar en acción principalmente a los atacantes, y su maniobra cúlmine es que uno de estos quede de cara al arquero en situación favorable de conversión. Para eso, necesita tiempo y espacio (no mucho pues sus decisiones son veloces), por lo que busca permanentemente evitar cualquier referencia de marca al rival.

Cuando la cosa estaba muy espesa en El Cobre de El Salvador, la hacía simple. Descendía varios metros para recibir el balón directamente de los centrales y, desde esa zona, empezaba con el juego de combinaciones. Su clave es tornarse indetectable, huidizo, esquivo. Lo consigue con movilidad permanente, sin quedarse quieto, apareciendo por distintos lugares, pero siempre en el eje de la cancha. La zona donde el pase vulgar puede transformarse en asistencia.

Montillo estaba en las antípodas tácticas. Su juego se nutría de la presencia permanente y constante del rival. Mientras más cerca el oponente mucho mejor, porque así el escenario era propicio para encarar, penetrar, avanzar, mediante conducciones cortas y veloces, desajustando al resto de la defensa. Y luego de esto, habilitar o finalizar la maniobra por propia cuenta.

Cañete, indudablemente, brinda un perfil más colectivo y social en el bloque ofensivo (delanteros y volantes de ataque). Lo crucial en todo esto, por lo tanto, será la sintonía que logre establecer con los tipos ubicados por delante de él y cerca o dentro del área en situación de apoyo en el último tercio del terreno de juego.

Su éxito, entonces, depende también de los otros. Es una buena noticia, pues lo suyo estará en línea con la esencia del fútbol, entendido como un juego de colaboración y aportes individuales a un funcionamiento colectivo. Aunque la impronta de crack de Montillo en la U costará mucho olvidarla.