FÚTBOL CHILENO

El oscuro origen de la Segunda División profesional: un torneo destinado al fracaso

En casi una década, la división creada por Jadue acumula varias crisis: clubes con deudas, desafiliaciones y una lucha constante por sobrevivir. Las señales siempre estuvieron a la vista.

La decisión del Consejo de Presidentes de la ANFP de quitar el ascenso directo de Segunda a Primera B es la última amenaza que enfrenta la tercera categoría del futbol chileno. Acostumbrado a vivir en la penumbra, en una crisis constante, hoy el certamen está frente a una nueva lápida, mientras sus clubes intentan mantenerse a flote. 

La idea vio la luz en febrero del 2012. Luego de una larga disputa con la ANFA, el presidente de la ANFP, Sergio Jadue, anunció oficialmente la creación de un nuevo campeonato. El calerano, como era su costumbre, lo ofreció como un proyecto estrella, como la oportunidad de profesionalizar la actividad. Se aprobó con sólo un voto en contra (O’Higgins) y tres abstenciones y se puso en marcha con cinco equipos: Copiapó, Melipilla, Fernández Vial, Iberia, Deportes Temuco y Osorno, además de seis filiales.

El origen no escrito del torneo esconde eso sí una lucha de poderes más amplias. El 2011, año donde se inició la era Jadue, Copiapó debía bajar a Tercera. El costo deportivo, pero principalmente económico, hizo que su presidente Felipe Muñoz saliera a escena. El dirigente utilizó las deudas que varios clubes del fútbol chileno tenían con su empresa Factor One para influir en varios equipos y buscar una forma alternativa de mantenerse en el profesionalismo. El presidente de la ANFP se amparó en un vacío reglamentario para mantener las relaciones: éste decía que el campeón de Tercera ascendía a Segunda (y no Primera B).

Así se engendró la nueva serie. Antes de 2011, la cuota de incorporación de Tercera a Primera B costaba 20 millones de pesos. Al año siguiente ese precio se elevó a $1.200 millones. No sólo eso: el que descendía de Primera B a Segunda se llevaba 600 millones de pesos. “Es el único torneo donde se castiga al que gana y se premia al que baja. Hay un incentivo perverso porque el sistema corre a potenciales accionistas”, explica Jorge Salazar, presidente de Colchagua. 

La sobreviviencia en el Torneo Perverso

Tras ir probando sobre la marcha los primeros años, la categoría alcanzó el estatus actual con 12 equipos, sin filiales, y jugadores de trayectoria. Sin embargo, en el mismo periodo se comenzaron a ver los problemas: algunos clubes duraron poco, otros quebraron, mientras que el que ascendía debía lidiar con la cuota de incorporación millonaria.

 "La idea era dar cabida al fútbol joven, pero ahora es una competencia para subir y conseguir los recursos que eso conlleva", dicen en Deportes Recoleta. Ese giro provocó el colapso, y la desafiliación de varios equipos como Osorno y Arturo Fernández Vial.

Sin ingresos por concepto de televisión, ni dineros importantes en venta de entradas o sponsors, los clubes comenzaron a endeudarse más de la cuenta, nublados con los millones que recibe el equipo que asciende a Primera B de parte del CDF. El problema es que es sólo un cupo. Ahora quizás ni siquiera eso.

El trayecto se resume en una categoría con exigencias de Primera y recursos de segunda, que parece siempre al borde del derrumbe. Durante las gestiones de Arturo Salah y Sebastián Moreno se habló de proyectos, de reformación, darle una nueva cara, pero al final sólo fueron medidas parche, mientras recibían como ayuda los árbitros y tres pelotas para los partidos como local. 

"Asegurados, cobardes, preocupados de sus bolsillos y dañando a los demás, una vergüenza", escribió Arturo Vidal, propietario del recién ascendido Rodelindo Román. El crack se ha transformado en una de las voces críticas de una revuelta que recién comienza. Los 12 clubes de la división se están organizando para no jugar en caso que la decisión se revierta. El Sifup convocó a un consejo extraordinario para analizar un posible paro.

En una década, más que los beneficios, aumentaron los deberes acusan los clubes de la categoría, que intentan mantener al menos las reglas actuales: un ascenso directo. Ya no pelean por la cuota de incorporación, ni mayores recursos, ni mejorar las condiciones, ni emparejar la cancha. Ahora la lucha es por sobrevivir en un campeonato que nació destinado al fracaso.