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A Chile no le deben nada, ya son leyendas

Si se tratara de deudas pendientes, Chile ni siquiera merecería tener a esta generación. Con la derrota ante Brasil en Montenegro, la Selección de balonmano quedó fuera de los Juegos Olímpicos. Era el último sueño de un proceso que partió hace más de dos décadas. Era la última gran sonrisa que le querían sacar al país, a sus familias y a sus fanáticos. Pero la realidad es que ya entregaron tantas alegrías, demostraron tanto esfuerzo y sacrificio, que el viaje a Tokio solo era un complemento. Lo único realmente trascendente es que cambiaron la historia para siempre.

Si bien algunos oportunistas de redes sociales se intentan burlar de la campaña en el Preolímpico, la Roja de balonmano dejó en evidencia su capacidad hace bastante tiempo. Suponiendo que los resultados determinaran la magnitud de la Selección, esta generación ya acumula seis clasificaciones consecutivas al Mundial, fueron medallistas en cuatro Odesur seguidos, y fueron medallistas en los últimos tres Juegos Panamericanos. Esos genios que se mofan con tanta facilidad seguramente tienen logros tan grandes como esos.

Pero el mayor mérito de esta generación no está en esos podios. Eso es lo que algunos no ven. Marco Oneto ya lo dijo en Lima: “Las medallas terminan en una repisa guardando polvo. El logro es haber conseguido que miles de personas nos vean en un país donde el balonmano no existe”. Porque antes de ellos, esta disciplina era un sueño imposible. Y el costo para jugadores como Oneto fue alto: lesiones, carencias, 18 años alejado de su familia… el 2014 renunció a su sueldo en Europa para jugar los Suramericanos y el 2019 disputó los Panamericanos aun cuando su hija había salido hace diez días de la Unidad de Cuidados Intensivos.

A Patricio Martínez, otro de los referentes (se retiró el 2015), le decían “¿para qué juegas balonmano? Si no te va a dar nada. Estudia, que es lo que te va a dar dinero y una profesión”. En 1998, cuando ya estaba en Barcelona, un entrenador de juveniles le dijo que jamás llegaría a Primera División. Por suerte no les hizo caso a los primeros, ni al segundo, porque fue el autor del primer gol de Chile en un Mundial (Suecia 2011).

Esas frases que le tocó escuchar a Martínez es el reflejo de lo que vivió esta generación. Estuvieron solos, sufrieron, vivieron la incertidumbre, y aun así apostaron todo por el balonmano. Como dijo Erwin Feuchtmann una vez: “Llegamos a ligas de mierda donde nos nos pagaban nada y mucha gente no daba un peso por nosotros”. Los hermanos Salinas (Rodrigo y Esteban) llegaron a cuarta división de España, y hoy son deportistas con prestigio en la máxima categoría. Tal como Víctor Donoso, Diego Reyes, Emil Feuchtmann, Sebastián Ceballos, Benjamín Callejas y muchos más.

Ese reconocimiento que se ganaron en el extranjero abrió un camino a muchos jugadores que años después partieron a Europa. De la Selección masculina, y también de la femenina. Actualmente, hay 15 mujeres chilenas que compiten en balonmano entre Italia, Francia y España. La generación que algunos se atreven a cuestionar fue valiente, ilusionó a cientos de deportistas y transformó sueños en realidad. Por algo generan respeto en sus pares del Team Chile.

Con el Preolímpico se nos van a algunas leyendas. Oneto y Felipe Barrientos ya anunciaron su retiro. Pero su pasión es tan grande, que ellos insisten en el desarrollo de la disciplina. Oneto con su fundación, Barrientos como entrenador, o los hermanos Feuchtmann con su escuela de balonmano. Porque el verdadero legado no está en lo siete goles que faltaron ante Brasil, está en la ruta que siguieron para llegar hasta acá. Al resto solo nos queda agradecer, porque si se tratara de deudas pendientes, Chile les debe mucho.