Lama, traga veneno y sigue

Ser un deportista profesional de nivel medio en la sociedad de la información y redes sociales no es fácil. La exposición, en ciertos momentos, puede tornarse un desagrado y una experiencia compleja de sobrellevar cuando los resultados no satisfacen a los opinólogos virtuales de turno. Aquellos que dan vida a una audiencia tan voraz como heterogénea.

Cuando Nicolás Massú quemaba sus últimos cartuchos en 2013 como jugador de challengers recibió cientos de comentarios lapidarios, burlescos e hirientes. El viñamarino no había sido precisamente un jugador de nivel medio, pero estaba a la baja y buscaba recuperar terreno en el ranking en el circuito secundario. No se le dio y optó por el retiro. En el intertanto sus críticos se dieron un festín obviando que era el único deportista chileno en ganar dos medallas de oro en más de 120 años del olimpismo moderno.

Massú tenía todo el derecho a intentarlo, a seguir, a luchar semana a semana… y también a perder. Su enorme carrera se lo confería. Quién era uno para decirle que colgara la raqueta.

Gonzalo Lama no tiene la carrera de Massú. Y podría calificarse como un deportista de nivel medio que no renuncia al sueño de entrar a los 100 primeros del mundo y cambiar su estatus actual que no le permite vivir del tenis. En rigor, ningún jugador que esté fuera de los 200 mejores del ranking puede hacerlo. Lo dijo nuevamente Diego Schwartzman tras ganar en Buenos Aires, al recordar cuando participaba en los torneos menores y emplazar a la ATP e ITF a mejorar los premios. Antes, en abril de 2020, ya había alzado la voz sobre este tema.

Si Lama como cientos de jugadores profesionales debe poner plata de su bolsillo para solventar su carrera, ir a torneos en destinos extremos y remar desde abajo también está en su derecho. Como decenas de colegas que, por ejemplo, se desgastan jugando interclubes en Alemania o torneos por plata en Francia para financiar su temporada. Todos son parte de la cara más ruda del circuito y que durante mucho tiempo fue tierra fértil para que unos pocos sucumbieran a la tentación de vender sus partidos.

El León nunca estuvo sospechado de nada. Sus únicos pecados fueron tener el mal de Crohn, una rebelde lesión a la muñeca que lo tuvo inactivo varios meses y estar pegado en los torneos menores. Desde atrás y pese a sus altibajos jamás renunció al anhelo de recuperar su nivel, mejorar el ranking 160 que conquistó a los 22 años y dos meses y retornar al equipo de Copa Davis donde cumplió un rol relevante cuando Chile navegaba en la zona americana. 

A Lama, al igual que a Massú, muchos lo criticaron. La semana pasada por haber recibido una invitación al ATP 250 y luego por su derrota en primera vuelta frente a Juan Manuel Cerúndolo. Sus verdugos en las redes sociales no le perdonaron que accediera a un wild card teniendo un ranking inferior a Alejandro Tabilo y Tomás Barrios y luego que no aprovechara la clara ventaja que dispuso en el primer set ante el campeón del ATP de Córdoba. Tan duro lo trataron que se desahogó en su cuenta de Twitter: "Nunca en toda mi carrera me ha tocado recibir tanto comentario basura. Sinceramente en estos momentos se agradece todo el apoyo. De corazón, gracias. Ahora toca dar vuelta la página y seguir persiguiendo metas", escribió.

Como en el deporte profesional cada competencia es siempre una nueva oportunidad, Lama la tomó. Después de cinco años volvió a ganarle a un top 100 y lo hizo a su estilo, batallando en un partido largo, muy físico. Yendo desde abajó batió al español Roberto Carballés Baena por 2-6, 7-6 y 7-6 levantando un quiebre en el segundo y dándole una alegría enorme a sus padres en la tribuna.

La crítica profesional, especializada siempre será parte del paisaje para un deportista profesional. También el escrutinio de la gente. Lo que no debiera ocurrir es que el análisis acabe siendo una descalificación permanente. El deporte encarna grandes valores, un estilo de vida y ejercerlo constituye un derecho irrenunciable. En el caso de Lama, si logra volver al top 200, ganar un challenger, entrar directo a un ATP o regresar al equipo de Copa Davis solo el tiempo lo dirá. Por ahora, representa un ejemplo de esfuerzo, perseverancia y resiliencia. Con eso basta y sobra para ganarse un merecido respeto.