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Ganar no es casualidad

Se empezó a jugar la segunda fecha del campeonato 2021 y tanto Colo Colo como Universidad de Chile cerraron la semana refiriéndose a eventuales fichajes de última hora o contrataciones caídas. En los azules, Rafael Dudamel aclaró que sus laterales izquierdos serán definitivamente Luis del Pino Mago y el juvenil Marcelo Morales mientras que en el archirrival, Gustavo Quinteros tuvo que responder por el fallido arribo de Fabricio Formiliano y explicó que se barajan otras cartas como Emiliano Amor y Gary Kagelmacher.

En el CDA, Dudamel y los directores deportivos Sergio Vargas y Rodrigo Goldberg intentan convivir en las últimas semanas de una relación que tiene fecha de vencimiento y será recordada por las durísimas críticas del técnico venezolano por su falta de autonomía en las contrataciones. La venta del paquete accionario de Carlos Heller reconfigurará el directorio de Azul Azul y la estructura interna. Dudamel seguirá siendo el técnico, Vargas y Goldberg no seguirán en la institución.

El caso de Colo Colo es otro ejemplo, amplificado, de que el maridaje entre el técnico, gerente deportivo y el dirigente que tramita las contrataciones puede llegar a ser un gran dolor de cabeza. La frustrada contratación de Formiliano es un gran botón de muestra de una operación donde las partes nunca terminaron de ponerse de acuerdo. La secuencia fue increíble con Quinteros reclamando públicamente por la falta de un zaguero al tiempo que los dirigentes oficialistas y del bloque Vial daban por hecha la negociación. Sabemos cómo terminó la historia. El jugador se quedó en Peñarol.

Es que en el fútbol, una cosa es el criterio técnico y natural consenso en la elección de un jugador, pero otra, que puede llegar a ser muy intrincada, es la negociación con todos sus términos y condiciones. Hoy cuando hay que apretarse el cinturón y cuidar hasta el último dólar las confianzas son clave.

Quién sigue marcando pauta en este ámbito es Universidad Católica donde la alineación entre el directorio de Cruzados, el gerente técnico José María Buljubasich y el entrenador de turno demuestra el camino correcto. A favor de los cruzados juega una mesa directiva homogénea y una política permanente que conjuga criterios institucionales con la percepción técnica. En otras palabras, Católica no contrata ningún jugador que el entrenador y el club no quieran. Y mal no le ha ido.

En la precordillera ese equilibrio no se rompe ni siquiera cuando no hay un entrenador en ejercicio. Como en los últimos años Beñat San José, Gustavo Quinteros y Ariel Holan hicieron efectiva su cláusula de salida, cada vez que el club negoció con sus reemplazantes les hizo ver previamente sus planes de reforzamiento explicando que eran fruto de un trabajo de evaluación anterior. La UC procura especular lo menos posible y ganar tiempo valioso en la ratificación del plantel y elección de sus refuerzos. Lo mismo a fin de año cuando debe notificar a los jugadores que no siguen o son enviados a préstamo. Información clara, rápida y oportuna. Así evita mediáticas controversias como la que vivió Colo Colo con Julio Barroso donde el entrenador decía que le interesaba su continuidad y el directorio estaba dividido respecto de su renovación al punto que votó por su partida.

Católica es el flamante tricampeón del fútbol chileno. Y aunque la cara visible son sus triunfos y un rendimiento superior al resto, en la construcción de la campaña, de los buenos resultados subyacen otros aspectos como su criteriosa política institucional. A fin de cuentas, ganar no es casualidad.