Blanco y Negro, la dimensión desconocida

Mientras un rejuvenecido plantel de Colo Colo intenta arrancar la temporada de la mejor manera posible, en el directorio de Blanco y Negro se juega una partida de ajedrez propia de grandes maestros internacionales donde el Club Social y Deportivo que encabeza Edmundo Valladares enfrenta una coyuntura única: asumir la presidencia de la concesionaria. Esto tras el público y explícito apoyo del grupo Vial a una eventual candidatura.

Lo que, en teoría, se presenta como un escenario favorable para el club social, cuyo padrón registra 10 mil socios al día, no constituye necesariamente una opción atractiva para una entidad que toma con pinzas el respaldo del bloque opositor. Y es que las heridas no se han restañado desde que hace algunos años el grupo Vial intentara eliminar por la vía judicial la presencia del CSD en el directorio. Aquella batalla, se recordará, la ganó el club social liderado en ese período por Fernando Monsalve.

Con semejante antecedente, ¿podría haber hoy un matrimonio entre ambas partes? Sí y no. Sí, por conveniencia y siempre y cuando se logren establecer confianzas mínimas que garanticen la gobernabilidad de ese nuevo oficialismo. No, si se impone la tesis de que el apoyo del grupo Vial a Valladares solo pretende gatillar que Aníbal Mosa no se presente al directorio del martes 20 de abril y con ello instalar un presidente de sus filas.

En definitiva, si el club social llega a la convicción de que va a dormir con el enemigo, el maridaje no se producirá.

¿Qué papel juega entonces Aníbal Mosa? Sigue siendo el accionista mayoritario, pero su posición política está debilitada luego de que el club social le retirara el respaldo e hiciera ver que lo conveniente para la institución era que el directorio se renovara por completo. Aquello implicaría la salida del empresario puertomontino de la presidencia y la primera línea dirigencial.

Su única salida, a esta altura, sería restaurar la relación con el club social, asumir que, al menos por un tiempo, no seguirá siendo el presidente de Blanco y Negro y alcanzar un acuerdo político expreso que brinde garantías a Valladares y su gente. Eso hasta ahora no ha ocurrido. Según fuentes del club social, Mosa no termina de asimilar que debe dejar la testera de la concesionaria.

Mientras los alfiles se despliegan por el tablero albo, la venta del paquete accionario del bloque Vial se declaró desierta. Tal como se preveía el elevado valor de los papeles y la relación de fuerzas dentro de la propiedad de la concesionaria ahuyentó a los inversores que apuestan por un descenso en los montos para evaluar la compra. Un escenario con una baja del orden de 90 pesos por acción, lo que se traduce en alrededor de tres millones de dólares, podría activar la operación, pero ¿estarán dispuestos Mosa y Vial por separado a aceptar esas condiciones? Difícil, muy difícil.

Blanco y Negro es por estas horas una dimensión desconocida. Una simultánea de ajedrez donde los tres actores relevantes mueven sus piezas con particular cuidado. ¿Qué ocurrirá el 20 de abril cuando la partida deba concluir? El club social tiene la palabra. Es el fusible de la conexión. Pero razonablemente aspira a llegar con un proyecto y hacer cambios en la lógica de administración. Lo cierto, es que Colo Colo requiere un directorio mucho más homogéneo, con acuerdos políticos razonables y un objetivo común ineludible que no debe ser otro que recuperar el protagonismo en el fútbol chileno. Ese camino requiere cambios, generosidad y visión de futuro. ¿Será posible?