¿Dos o tres delanteros?

Una nueva discusión está surgiendo en el fútbol chileno desde el punto de vista táctico. Algo que se vislumbraba oleado y sacramentado parece comenzar a desmoronarse, a raíz de la disonancia que en muchos casos ha exhibido con la realidad. El asunto tiene que ver con la configuración de la línea de ataque, sector clave en el desempeño de un equipo, y dos clubes importantes de la competencia local entregan hoy fuertes señales al respecto.

En Colo Colo y La Calera la impresión es que dijeron basta a la moda de alinear tres delanteros. Con los albos, Gustavo Quinteros se dio cuenta de que el diseño posicional con un volante ofensivo y un tridente de atacantes no tenía futuro, apostando ahora por Iván Morales y Marcos Bolados como dupla ofensiva. En la escuadra calerana, el recién llegado Luca Marcogiuseppe modificó el sistema de juego para darles cabida a Octavio Rivero y Andrés Vilches, dos '9' con su historia en el país.

Las innovaciones introducen un sentido de realidad en la competencia local. Hasta ahora, ha sido costumbre observar una mayoría de equipos actuando con un centrodelantero y dos punteros en circunstancias que ya al momento de conocer la alineación se sabe que el asunto exhibe pocos visos de prosperar. Un ejemplo de esto es Universidad de Chile: Ángelo Henríquez ha tenido que ir al sacrificio desempeñándose por el costado izquierdo de la ofensiva.

Los puristas dirán que Universidad Católica les ganó a todos sin renunciar jamás a sus tres atacantes. Sin embargo, el caso sirve precisamente como sustento para justificar el desarrollo de una línea de tres delanteros cuando sí se cuenta con hombres para ese diseño. Con el DT Ariel Holan, cuando mejor anduvieron los cruzados fue con Gastón Lezcano y Edson Puch como punteros, dos tipos nacidos y criados para el juego por los costados. Ante la ausencia de uno de ambos, el DT argentino probó en una de las puntas con Diego Valencia (centrodelantero nato) y el funcionamiento no fue el mismo.

La sensación es que los entrenadores se esclavizaron con un sistema de juego (1-4-1-2-3) que con el Barcelona de Guardiola era una maravilla, pero que en la mayoría de las ocasiones no posee ninguna concordancia con los rasgos de los planteles chilenos. Ver a un centrodelantero actuando de puntero puede tener algo de sentido, porque no abandona el ataque, aunque cada primer contacto con el balón se da en un contexto muy distinto. Sin embargo, en un momento hasta los laterales ascendieron en el terreno de juego y ocuparon uno de los costados del ataque. Claramente fue un exceso. 

El embrujo del diagrama posicional del Barcelona caló hondo y la percepción que se instaló fue que si un DT no empleaba ese sistema de juego trasuntaba que se había quedado en el pasado. Nada más equivocados, porque son varias las opciones posicionales alternativas para escapar de la tiranía de los tres delanteros. Desde Europa ya habían llegado los primeros avisos.

La Juventus de Arturo Vidal les ganó a todos en Italia y accedió a una final de la Champions League, en 2015, atacando solo con dos delanteros. La escuadra del chileno utilizaba de base  primordialmente un esquema 1-3-3-2-2, retráctil en ataque profundo a un 1-3-3-4 y en defensa organizada a un 1-5-3-2. Los italianos fueron lo primeros de la élite del fútbol mundial que se atrevieron a desafiar la hegemonía del tridente ofensivo y mal no les fue.

Hoy, tenemos otro ejemplo al alcance de la mano, pues se vincula directamente con el fútbol nacional. El Inter de Alexis Sánchez y Arturo Vidal jamás ha dejado de atacar con dos delanteros. Claro, durante los pasajes iniciales del ciclo de Antonio Conte el equipo parecía tener escaso brillo y no lograba deshacerse de cierta rigidez de movimientos que lo condenaban a la fomedad. No obstante, el DT italiano se mantuvo firme en su propuesta de actuar a todo evento con Romelu Lukaku y Lautaro Martínez. Ahora, esperan que concluya la temporada en la Serie A para alzar el Scudetto.  

Respetando las enormes distancias, algo más o menos así pasa hoy con Colo Colo y La Calera en la liga local. El Cacique ha mostrado correctos niveles de desempeño operando con el sistema 1-4-4-2, en tanto que el subcampeón de 2020 lo hace con el histórico y eficiente esquema 1-4-3-1-2. Al menos ya dieron el primer paso, en orden a organizarse en la cancha en función de las características de los jugadores con los que cuentan. En una de esas, se suman otros equipos y el confronte posicional en el fútbol chileno deja de ser tan monótono.