La paja y el trigo

A falta de su participación en el ATP de Ginebra, Cristian Garin enteró por primera vez la gira de arcilla previa a Roland Garros disputando los tres torneos de la categoría Masters 1000. Montecarlo, Madrid y Roma fueron testigos de la presencia del número uno de Chile y el inicio de su sociedad en los grandes eventos con su coach Franco Davín.

Pese a que como de costumbre muchos comentarios en las redes sociales apuntaron a la mentalidad, falta de dureza sicológica e incluso desgano de Garin, el análisis debe ser mucho más profundo y apuntar a los ajustes y mejoras técnicas que requiere para un nuevo salto de calidad en su juego y, por extensión, en el ranking. Ahí está la tarea principal del exentrenador de Juan Martín del Potro y su asistente Luis Lobo.

Sin ir más lejos fue el propio Garin tras su paso por Estoril, donde cayó en tres sets ante el británico Cameron Norrie, quien admitió que “no estoy jugando bien hace tiempo, entreno, me sacrifico, pero las cosas no salen como quiero”. Se entiende, aquella derrota marcó el punto más bajo del tour europeo. Fue honesto y no pintó una realidad distinta a que todos observamos.

Garin fue rudo consigo mismo, le dolió perder con Nishikori en Barcelona y Norrie en Portugal, pero lo que más le agobiaba era no estar a la altura de sus propias expectativas. Eso finalmente es lo que cuenta y no tiene necesariamente una connotación negativa pues revela que no se conforma con ser el número 22 del mundo ni haber sido el 18. Su anhelo es ir más lejos, crecer, mejorar respecto de sí mismo y los demás.

A partir de Madrid, la cosa cambió. Tres triunfos consistentes y una derrota extraña frente a Matteo Berrettini después de un set y medio de lujo dejaron mejores sensaciones. Muchos se quedaron con los 11 juegos consecutivos que perdió a partir del 3 a 1 del segundo set y la cantinela de la falta de instinto ganador, pero en concreto anotó su segunda presencia en cuartos de final de un Masters 1000 y una victoria frente Medvedev. Que al 2 del mundo no le guste la arcilla es otra cosa, Garin tenía que ganarle y lo hizo.

La caída en la segunda vuelta de Roma ante Roberto Bautista Agut estuvo lejos de ser una ignominia. En la ronda inicial levantó un primer set complicado frente al sacador sudafricano Lloyd Harris al que acabó venciendo con autoridad y al día siguiente se despidió dando batalla frente al sólido jugador español. Bautista Agut, 11 del mundo, es uno de los jugadores más regulares y estables del circuito e hizo prevalecer su favoritismo.

Al cabo, en Montecarlo, Madrid y Roma, las tres paradas más importantes antes del segundo Grand Slam de la temporada, Garin ganó seis partidos y perdió ante Tsitsipas (5), Berrettini (9) y Bautista Agut (11). Una cosecha razonable que grafica su actual momento, confirma su status de top 25 ATP, pero que al mismo tiempo revela que necesita algo más para derribar a los jugadores top. Que se entienda, la clave no que Garin esté más o menos amurrado o su lenguaje corporal, se trata de alcanzar un estado de autoconfianza que provenga del juego, de sus tiros, de un saque que le permita jugar puntos gratis y un drive más consistente y dañino. Por ejemplo, ¿puede mejorar la aceleración si su swing es más bien corto? Ahí, insisto, está la pega de Davín.

Garin es un tremendo jugador y cuando uno tiene la suerte de verlo en vivo lo dimensiona. Que esté 22 del mundo y gane partidos en los torneos más relevantes del calendario es una locura. Ocurre que él y todos queremos más. Ese proceso está en pleno desarrollo. Gago tiene mucho por mejorar y debe ir asimilando ciertos ajustes a objeto de alinear su tenis y su confianza. No es sencillo ni de la noche a la mañana. Mientras tanto compite, juega al más alto nivel y se codea con tenistas extraordinarios. Disfrutemos esa parte de la historia.