Entrevista AS

“Dormí en una carpa tres meses, vendí ropa en la feria y fui Uber 'pirata'; feliz lo volvería a hacer"

Cristián Zavala (21) es una de las gratas revelaciones de Melipilla en el Torneo 2021. Irrumpió en Coquimbo, donde le tocó vivir muchísimas aventuras. Hoy las cuenta a AS.

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“Dormí en una carpa tres meses, vendí ropa en la feria y fui Uber 'pirata'; feliz lo volvería a hacer"
@cristianzavala10

“El 2020 fue un año tan malo para el mundo en general, pero para mí fue el mejor”. La frase corresponde a Cristian Zavala (21), quien en los últimos meses solo ha tenido alegrías y crecimiento en su vida personal y profesional. Irrumpió sorpresivamente en el primer equipo de Coquimbo Unido en la parte final del Torneo 2020 y ahora, en Deportes Melipilla, se ha convertido en una de las gratas revelaciones del Campeonato Chileno 2021.

Hasta a mí me sorprende la evolución que he tenido. Volver a Primera desde Segunda División y más en la instancia en la que se encontraba Coquimbo entre la Copa Sudamericana y la lucha por no descender, me hizo madurar de un momento a otro. Tenía que saber dónde estaba parado y que no era nada fácil lo que estábamos viviendo. El profe (Juan José Ribera) me dio la confianza en Iquique y me pude mostrar bien, mis compañeros en ese momento me felicitaron y de ahí no he parado de sumar experiencia”, dice en una amena charla con AS Chile.

Pero la historia de Zavala contó en sus inicios con muchísimos cambios. Nació en Puente Alto, por lo que sus inicios los hizo en Santiago. Estuvo en Colo Colo y Magallanes, pero en este último club, la distancia y el gasto económico no lo hacía rentable. “Me quedaba muy difícil ir todos los días a Malloco”, revela. Ahí fue como apareció en su vida de forma muy fugaz Audax Italiano.

“Fui a probarme y me dijeron ‘en 10 días más te damos la respuesta de si quedaste o no’. No podía esperar ese tiempo porque si no quedaba, el margen sería muy poco para después”, indica.

- ¿Entonces cómo apareció Coquimbo?
- Tenemos unos tíos allá y me hospedaron en su casa. Conseguimos una prueba. Me fui con una carpa, un colchón inflable y nos quedamos en el patio de mis tíos, porque yo no quería molestarlos a que ellos se fueran a dormir a otra pieza o algo así. Total yo pensé que sería una semana no más...

- ¿Y qué pasó?
- El plantel de Coquimbo jugaba un amistoso en Salamanca, pero no pudo ir y tuvo que ir la juvenil, equipo en el que estaba yo. Anduve bien y el ‘profe’ Luis Fuentes me dijo ‘te vamos a dejar’. Volví a Santiago a buscar mis cosas con mi polola... al final terminaron siendo tres lindos meses en la carpita (risas) hasta que debuté.

-¿Y sus tíos qué le decían?
- Nos invitaban a dormir en la casa, pero no queríamos incomodarlos, porque la casa es pequeña. Tomábamos once y ya nos sentíamos apretados.

-¿Y no le afectaba dormir en la carpa para sus entrenamientos?
- Los primeros días, con el colchón nuevo, era espectacular, pero ya después estaba malísimo en la base (risas). No sé cuánto tiempo de vida de útil tendrán, pero ya después lo pegábamos con pegamentos de uñas (risas). Mi polola me apoyó en todo, nunca reclamó por estar viviendo así. Mis papás sabían que dormía ahí, así que mi papá extendió sus turnos en el trabajo para ganar más dinero y así ayudarnos. La mamá de mi polola también nos ayudó con unos meses de arriendo en un departamento.

-¿Y esto lo sabían en el club?
- Algunos compañeros, los más íntimos, pero los otros solo sabían que iba a la feria, porque ayudaba a mis tíos.

-¿De qué forma?
- Vendíamos ropa en la feria y lo que fuese. A las siete de la mañana estábamos en Baquedano (Coquimbo) guardando el puesto con las sábanas y a las 8.30 me iba a entrenar. Antes de irme a la práctica pasaba por los puestos ofreciendo alfajores para el desayuno. Después a las 11.30 volvía a la feria. De hecho, varios de mis compañeros me daban de su ropa y la vendía.

- ¿Lo volvería a vivir?
- De todas maneras. Es una experiencia única, es tan cercana a la familia, el tema de irse lejos, salir de tu zona de confort…

- ¿Cuánto le cambió la vida cuando se fue al departamento?
- No sabes lo que era… (risas). Dormir en una cama, no prender el calefactor para el frío, fue espectacular. Cuando nos fuimos solos no teníamos nada más que una tele con un trasero gigante pero no estábamos ni ahí. Era genial. Hace poco pensábamos en eso, porque no sé de dónde sacábamos plata, porque no teníamos (risas).

- ¿Le tocó trabajar en algo más?
- Mi abuela tenía un auto y me lo prestó. Lo vine a buscar a Santiago y fui Uber 'pirata'. Hacía viajes de La Serena a Coquimbo por una luca en las tardes… de locos. No sabes cómo tengo endeudado a mi papá.

- ¿Por qué?
- Yo no podía ser Uber por mi edad, pero mi papá se llama igual que yo, entonces le puse Cristian Zavala no más a la cuenta y no sabís toda la plata que debe el hombre (risas). Todos los viajes en efectivo no te descuentan al tiro, entonces fueron tres meses en los que reventé esa hueá (risas). Fue impresionante lo que manejé en esos meses. Para los días de carrete me daba miedo salir, porque se podía subir alguien ebrio, generar un problema y después que eso se supiera en el club. Eso me daba más miedo en vez de que me pasara algo.

- Vendió ropa y alfajores en la feria y fue Uber. ¿En qué más trabajó?
- Repartía flyers en la plaza de Puente Alto. No los botaba, los entregaba todos (risas). Tenía que entregar mil y me demoraba una hora. Me pagaban 70 lucas al mes. Después esa plata la invertía para ir a entrenar a Malloco. Me iba con la ropa del Liceo, llevaba mis cuadernos y la ropa de entrenar en la mochila. Como iba de escolar pagaba 200 pesos hasta Malloco, en vez de pagar 750 si iba con ropa de calle. Después tenía que tomar cualquier micro que fuera por Camino a Melipilla hacia Maipú. Al final eran 600 pesos ida y vuelta y me demoraba una hora y 20 minutos hasta el entrenamiento. Por eso cuando salí de Magallanes fue como un alivio. Lo pasaba muy bien, pero era difícil.

- También se convirtió en padre cuando aún no se consolidaba en Primera. ¿Cómo fue ese cambio para usted?
- De cero a mil. Antes si no tenía para mí no era tanto porque no había una responsabilidad mayor, hacía las cosas muy tranquilo. Pero cuando nos enteramos que seríamos papás, me empecé a cuestionar todo, pero no lo malo, sino de pensar en ‘¿qué voy a hacer si no tengo esto?’ Es otra cosa, otra motivación. Me cambió todo.