Ser Valencia y no morir en el intento

El paso de Universidad Católica a los octavos de final de la Copa Libertadores después de una década deja múltiples conclusiones y una de las más relevantes tiene que ver con Diego Valencia quien a sus 21 años se convirtió en pieza clave de la clasificación tras brillar, anotando y asistiendo, en los tres triunfos del equipo de la franja en la fase de grupos.

Si uno hiciera un sondeo en el ambiente futbolero probablemente muchos dirían que Valencia es un jugador de mayor edad. Es que debutó a los 18 años y viene alternando con regularidad en las últimas dos temporadas. Nada nuevo para un club como Católica que acostumbra a darle tiraje a la chimenea y tiene como política institucional promover y consolidar jugadores de la cantera. Sí, es cierto, pero con este jugador hay un agregado no menor: juega de 9.

Ser joven, provenir de las divisiones inferiores, jugar de centrodelantero y actuar en un equipo grande puede ser como subir el Himalaya. Requiere, además de talento y perseverancia, tener temple de acero, una dureza sicológica acorde al desafío y, por cierto, la convicción del club para sostener la apuesta en tiempos donde las redes sociales pueden llegar a ser brutales en la crítica.

Valencia pasó por todo antes de concretar esta meseta de rendimiento. A los 19 años tuvo un accidente muy desafortunado durante la intertemporada del primer equipo cuando le cayó un fierro en la cabeza luego que se desprendiera parte del techo del gimnasio donde entrenaba. Sufrió una fractura de cráneo, hemorragia y debió jugar por un tiempo con un protector ortopédico. En lo deportivo, su mayor contra fue que actuó muchas veces desacomodado, fuera de posición, pero ahí estuvo, firme, disciplinado, con partidos buenos, malos y regulares, sumando minutos y aprendizaje de jugadores como Zampedri, Fuenzalida y Puch. Horas de vuelo decisivas para mejorar y avanzar en un tema relevante, la comprensión del juego.

En el verano de 2019 Valencia hizo sus primeros goles en primera división, poco más de dos años después anotó sus dos primeros tantos en la Copa Libertadores. El muchacho está en el proceso, cumpliendo etapas, desarrollándose y aportando de manera significativa. Bien por él y por los cruzados que, de paso, aportaron nuevamente con Clemente Montes (más Juan Leiva) a la nómina de la selección chilena. Otro joven que se gana su espacio a tranco firme.

Católica está en octavos de final de la Libertadores. Después de tres años un equipo chileno vuelve a instalarse ahí. Merecido porque más allá de la irregularidad al mando de Poyet, el club de la franja es hoy quien mejor compite y lo hace con jugadores jóvenes, formados en casa. En esta pasada y aunque se diga que el grupo fue más fácil que el año pasado, eliminó a Nacional de Uruguay y Atlético Nacional de Colombia, quinto y séptimo en el ranking de clubes de la Conmebol. ¿El mejor chileno en esa clasificación? Colo Colo en la casilla 28. Un dato más para tener en cuenta y dimensionar adecuadamente la clasificación.