La copa de la imprudencia

Aunque por estas horas la Copa América sigue programada y los equipos acomodan sus logísticas deportivas y sanitarias para viajar a Brasil, lo concreto es que su realización se mantiene en medio de una alta incertidumbre. Algo tan inédito como impresentable.

Las dudas no provienen de eventuales negativas de los planteles que, cuestionamientos más o menos, ya aseguraron su presencia en la cita deportiva que originalmente se iba a efectuar en Colombia y Argentina.

Los factores determinantes son políticos y comerciales. Políticos porque la Corte Suprema de Brasil analizará este jueves dos recursos que piden la suspensión del evento tras una presentación del Partido Socialista Brasileño (PSB) y la Confederación Nacional de Trabajadores Metalúrgicos. Y comerciales porque dos marcas relevantes, una tarjeta de crédito internacional y una gran empresa cervecera, retiraron su auspicio a cuatro días del partido inaugural. Increíble.

Estas poderosas señales no hacen más que confirmar la imprudencia de jugar la Copa América. Más allá de que el fútbol eventualmente pueda ser un vector de entretención, distracción y generación de recursos en tiempos complejos, la expresión de la pandemia sigue siendo brutal y en Brasil ha cobrado 475.000 mil víctimas. Hablamos de casi medio millón de familias y millones de personas afectadas emocionalmente. No corresponde jugar.

Pese al respaldo del presidente Jair Bolsonaro, en el país organizador aún no se han alcanzado los consensos necesarios para su realización. Mientras el ministro de salud Marcelo Queiroga justificó la decisión de albergar el torneo, la Corte Suprema tiene mucho que decir y si falla en contra de la copa el papelón será de grandes dimensiones.

Por lo pronto, cada selección toma sus propios recaudos y acomoda su agenda y decisiones en función de la tranquilidad de los jugadores. Así Argentina estableció que su base de operaciones será el campo de entrenamiento de Ezeiza mientras que Chile volverá a Pinto Durán tras el cierre de la primera fase. Raro, todo es raro.

Aunque Chile tiene más de 10 millones de habitantes vacunados o haya otros países sudamericanos con mejores indicadores que Brasil, la copa nunca tuvo razón de ser. No se justifica. Quizá pudo haberse jugado en Estados Unidos pero al mismo tiempo era inviable por la cercanía con la Copa de Oro y, fundamentalmente, porque la Conmebol no iba a recibir exenciones tributarias como las que garantizaban Colombia, Argentina y ahora Brasil. Ahí está la madre del cordero. Las decenas de millones de dólares que la orgánica que preside Alejandro Domínguez no está dispuesta a perder.