¿Hueveando o luchando?

Hace algunas semanas en medio de una multitemática entrevista con el diario La Tercera, Marcelo Ríos declaró que no podía creer que anduvieran “miles de chilenos hueveando en Egipto… salis pa’atrás. Ganas medio punto y pierdes 2 mil dólares”. En aquella nota, el Chino habló de su estrecha relación con Cristián Garín y Nicolás Jarry y, a la pasada, cuestionó la costosa y, en su opinión, poco eficiente fórmula de ir a jugar profesionalmente a tan lejanas latitudes.

Probablemente, Ríos no quiso hacer un comentario peyorativo. Pero en concreto, aunque sin nombrarlos se refirió a jugadores como Gonzalo Lama, Miguel Pereira, Bastián Malla, Michelle Vernier, Daniel Núñez, Benjamín y Fernando Zúñiga y los hermanos Bruna, entre otros.

Este puñado de chilenos son habitués de torneos en Turquía, Túnez o Egipto. Todos, a su respectiva escala, persiguen sus sueños y objetivos. Para Lama, por ejemplo, ha sido tierra fértil ya que esta temporada ganó un M15 en Egipto y dos en Turquía, el último el pasado domingo. Ello le permitió regresar con viento fresco este lunes al grupo de los 500 primeros del ranking ATP y recuperar su autoestima como deportista. Después de cinco años de convivir con el mal de Cronhn y sucesivas lesiones hoy está en un gran momento y nada le saca de su cabeza que puede volver a los 200 mejores del mundo. Lo consiguió ganando cuatro torneos de esta categoría, en Egipto, Argentina y Turquía más allá de que sus finanzas 2021 hoy estén en rojo.

El Chino tiene razón en un aspecto sobre el circuito terciario: la dificultad para sumar puntos ATP. Para que un jugador que participa de la clasificación obtenga una unidad debe ganar 4 partidos. Hace algunas semanas, Daniel Nuñez superó la fase previa en Antalya y perdió en la primera ronda del cuadro principal. Su cosecha fueron menos de 200 dólares y cero puntos. En su caso, efectivamente, su estadía resultó deficitaria en lo económico. La pregunta es qué otras opciones tiene.

Turquía, no es necesariamente una mala alternativa. La sede no cambia y un tenista puede jugar un mes de corrido sin tener que tomar un avión a otro destino. Aun así es caro llegar ahí y sostenerse. Los ingresos son bajos y se juega con una doble presión. ¿Qué implica ganar partidos y cobrar el premio en dinero correspondiente? Mucho en lo deportivo, pero menos en lo financiero porque son montos inferiores al costo de mantención. Dura realidad e imposible de sostener en el largo plazo.

Seguramente, Ríos debe estimar que el camino correcto es el que siguen jugadores como Matías Soto o Nicolás Acevedo quienes estudian en Estados Unidos, juegan en la división uno de la liga universitaria y, en sus semanas libres, compiten en torneos M15 o M25. Sin duda, esta es una gran alternativa, quizá la mejor, pero tampoco es la única, más para aquellos que optaron por no estudiar y solo competir o quienes están fuera de la edad para enrolarse en una casa de estudios norteamericana. Lama fue a Egipto a luchar, a construir las bases de su regreso a los challengers, no de vacaciones.

Cada tenista chileno que está fuera de los 300 primeros del mundo técnicamente no puede vivir de su profesión, no le alcanza. Incluso a los top 200 se les hace cuesta arriba como a Tomás Barrios que la semana antepasada perdió en la primera ronda del Challenger de Almaty 1 y cobró un cheque por 520 dólares con el que tuvo que subsistir toda una semana en Europa. Afortunadamente, siete días después estaba disputando su segunda final de la temporada.

Para los que vienen abajo no es sencillo porque, de seguro, la mayoría no llegará a la elite del tenis mundial. Ahora, incluso así, lo que cabe es respetar el esfuerzo y las decisiones de estos jóvenes jugadores aunque su calendario los lleve a Túnez, Egipto o Turquía. Ríos fue un jugador extraordinario, irrepetible y tiene todo el derecho a opinar porque sabe un montón, pero el tenis es una forma de vida, un deporte que muchos abrazan con pasión más allá de su potencial o capacidad definitiva y eso debiera merecer el máximo respeto. De todos, incluido un ex número uno del mundo.