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Impopular, pero razonable

Cuenta un tenista sudamericano que desistió de ir a los Juegos Olímpicos y cuya identidad protegeremos para evitar un posible bullying en las redes sociales, que las restricciones para los jugadores clasificados a Tokio son aun más severas que en los torneos ATP. ¿Un ejemplo? Los tenistas no se pueden reunir con otros deportistas ni menos asistir a presenciar otras especialidades.

Ese jugador, que no es Cristian Garín, lo pensó un montón y decidió no acudir a la cita de los anillos. Consideró que Tokio le cortaba el calendario, que las normas eran extremas y optó por anotarse en otros campeonatos en Europa.

Uno podrá estar de acuerdo o no con esos los argumentos, pero hoy son 16 jugadores que, por distintas razones, resolvieron bajarse de los Juegos Olímpicos. La lista la encabeza Rafael Nadal.

En el caso de Garín, existen razonables fundamentos técnicos para su decisión. Y es que pese a que las restricciones sanitarias fueron parte del análisis, lo que realmente inclinó la balanza e hizo desistir de viajar a Tokio fue la priorización de su ranking. La opción de jugar la gira de arcilla posterior a Wimbledon y preparar con margen los Masters 1000 de Toronto, Cincinatti y el US Open.

El diseño del calendario del número uno de Chile, que se ha perfilado como un especialista en arcilla (sus 5 títulos han sido sobre esta superficie), es racionalmente lógico. Apunta a sumar unidades significativas en los ATP 250 de Bastad y Gstaad -será uno de los máximos favoritos- y a tener actuaciones relevantes en Canadá y Estados Unidos, una gira que en seis semanas reparte 4.750 puntos. Ahí se definirá su ranking 2021.

Es cierto que desde la emocionalidad y más con el antecedente de las medallas olímpicas de Massú y González en Atenas (2004) y del propio Bombardero en Beijing (2008), el descarte de Garín pega duro e impacta entre los aficionados. En el inconsciente colectivo la epopeya del viñamarino está más viva que nunca, lo mismo que las tres medallas de González. Esa herencia, que Garín no eligió, es probablemente la carga más pesada en el mar de comparaciones y cuestionamientos odiosos que recibió en las últimas horas.

Garín defendió a Chile en Copa Davis a los 16 años y durante mucho tiempo pagó el precio de críticas infundadas o exageradas para alguien que solo hacía su camino y a quién ganar Roland Garros en la serie juvenil le significó más problemas que beneficios. Muchos tempranamente le colgaron la mochila del recambio exigiendo una mayor velocidad en su proceso. Hoy varios de esos aún lo fustigan, le demandan ser top ten y relativizan sus méritos como número 20 del ranking ATP. Una locura.

Tiempo al tiempo. Un buen segundo semestre de dará la razón a Garín… una mala campaña atizará las criticas de algunos. Son, lamentablemente, las reglas del juego para los deportistas de alto rendimiento.