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Rompecorazones

Aquel tranco veloz y mirada gacha que solo levantó para despedirse en los metros finales del Centre Court mientras era ovacionado por los miles de asistentes que coreaban “one more year” con la ilusión de que ese partido no fuese el último puede llegar a ser un momento de colección, tan histórico como doloroso en la carrera de Roger Federer dependiendo de la decisión que adopte respecto de su futuro.

Esa imagen que detuvo el tiempo y contrastó con la emoción de su verdugo, el polaco Hubert Hurkacz, hizo pensar a millones de personas en todo el mundo que se trataba, quizá, de su última actuación en Wimbledon como tenista profesional.

La duda hoy está instalada en el mundo del deporte y el propio Federer pareciera no tener una respuesta. No sabe si irá a los Juegos Olímpicos de Tokio o cuál será su próxima estación. Solo tiene claro que debe enfriar la cabeza, conversar con su equipo y tomar decisiones. Su respuesta tras la derrota no dejó la más mínima certeza. “Tengo que evaluar las cosas. Mi objetivo siempre fue intentar jugar otro Wimbledon. El objetivo inicial era apuntar al año pasado, pero la pandemia lo hizo imposible. Pude hacerlo este año y me hizo muy feliz. Como había dicho antes, todo lo que viniera después de Wimbledon debemos revisarlo con mi equipo", comentó.

Con 39 años y 337 días Federer se había transformado en el tenista (varón) de mayor edad en llegar a los cuartos de final de Wimbledon superando el registro del australiano Ken Rosewall (39 años y 224 días) pero la ruda derrota ante Hurkacz en sets corridos y con un aplastante 6-0 en el capítulo final fue una cruda demostración de que la razón está por sobre la emocionalidad, aquella que rodea su actual momento en el circuito. Un indesmentible reflejo de que el tiempo transcurre inexorable incluso para un jugador como él.

El ocho veces campeón de Wimbledon cumplirá 40 años dentro de un mes. Y aunque su categoría, clase, técnica y comprensión del juego le permitieron llegar a octavos de final de Roland Garros (no se presentó ante Mateo Berrettini) y a la ronda de los ocho mejores en Londres para ir más allá y tener una opción real de ganar un nuevo major necesita otras cosas, básicamente desde el punto de vista físico, y más en el tenis actual donde se juega a una alta velocidad y las piernas juegan un papel decisivo. Si Federer a sus 39 años está un 10% más lento que hace dos años, se nota y mucho.

Cuesta admitirlo: Federer ya no es el mismo. Es imposible que lo sea. Pese a que su extraordinaria técnica y revés a una mano alargaron su carrera a límites insospechados las dos operaciones a su rodilla derecha fueron un aviso innegable de que el paso de los años también corre para él. La ilusa esperanza de que el suizo era un deportista incombustible que podía ganarle al tiempo y seguir sumando títulos de Grand Slam se desmoronó como una avalancha implacable. Triste pero cierto.

¿De qué es capaz Federer hoy? Probablemente, de ganar grandes partidos, ser competitivo e incluso dominador en tres o cuatro rondas, ganar torneos ATP 250 o 500 y, tal vez, animador relevante en algunos Masters 1000. ¿Jugar unos seis torneos más en 2021 incluido el US Open? Sí, es capaz. Pero ¿querrá? Si en su cabeza, de seguro, estaba la convicción de que podía ganar vigésimo primer Grand Slam y después de Wimbledon quizá se dio cuenta de lo contrario.

Para conquistar un major, sabemos, hay que ganar siete partidos al mejor de cinco sets. Algunos extenuantes, verdaderas batallas físicas que para un jugador al borde de las cuatro décadas son un factor determinante. A mayor edad la recuperación entre partido y partido se hace más lenta y contra ese fenómeno fisiológico no hay nada que hacer. Federer puede jugar y ganar partidos y torneos con nivel de top 20, pero pensar que volverá a levantar un título de Grand Slam es cada día más improbable.

"Necesito ser un mejor jugador si quiero ser competitivo. Me gustaría volver a jugar Wimbledon pero a mi edad nunca se sabe qué hay a la vuelta de la esquina", advirtió Federer tras su caída en el césped londinense dejando abierto tanto que podría volver a intentarlo como que el final está por llegar. Como sea, cada vez que el suizo vuelva a una cancha lo único que cabe es disfrutarlo y agradecerle.

El tour de despedida de Federer debería ser compitiendo, activo, ganado torneos ATP 250. Hoy está a seis títulos de igualar la marca de Jimmy Connors (109) como el tenista que conquistó más campeonatos. Ya que muy probablemente será superado por Nadal y Djokovic en la cantidad de Grans Slam esta marca podría agrandar aun más su enorme leyenda. Con su nivel, en un año y medio lo consigue. Y se va en grande, repartiendo por el mundo los últimos destellos de su extraordinario talento.

En fin, es solo una expresión de deseo. Puede ser hasta una mala idea. Pero es que a Roger lo queremos seguir viendo el mayor tiempo posible. Aunque sea un cuarentón corriendo detrás de una pelota de tenis.