El otro Chile

El rasgo distintivo del fútbol es la no linealidad y que Chile haya restituido sus chances de clasificarse al Mundial de Qatar es otra prueba fehaciente. Lo mismo quedó claro durante el primer tiempo de la escuadra nacional contra Perú, en Lima, por el inicio de la triple fecha de las Eliminatorias que acaba de concluir. Controló el juego, generó aproximaciones y, de golpe y porrazo, quedó abajo en el marcador en una falla defensiva tras un saque de banda. Vino, entonces, el derrumbe y todos nos dábamos por eliminados.

Sin embargo, las victorias ante Paraguay y Venezuela, más los resultados favorables de otras selecciones, hicieron posible que la Roja esté a solo tres puntos del repechaje. Lo que queda, en todo caso, se visualiza aún más complicado. Argentina y Uruguay siempre han sido rivales duros en Santiago y Ecuador llegará también bajo serio riesgo de comprometer sus opciones. Afuera, la visita a Paraguay será igual de dura, pues los locales querrán resarcirse de la reciente caída en San Carlos de Apoquindo. Bolivia se metió en la pelea por el quinto puesto, a parte de las dificultades de jugar en La Paz, y Brasil es un imposible de siempre para el fútbol chileno.

Más allá de todo, lo importante es que la escuadra nacional mejoró claramente su estado de forma. Evidenció un control y manejo del balón más productivo en términos ofensivos, avanzando hacia una posesión con mayores rasgos de verticalidad y simpleza en la gestación. En esto tuvo que ver la presencia de Ben Brereton y su inclinación constante a realizar desmarcaciones profundas. También incidió gran el aporte de Mauricio Isla otorgando seguridad en defensa y como circunstancial puntero por el sector derecho, muy bien asistido por Alexis Sánchez. Con los flancos de ataque bien cubiertos y equilibrados, las rupturas por el centro no fueron tan necesarias y de ahí entonces que la labor de Arturo Vidal, como nunca, se haya concentrada en la zona de volante. Muy pocas veces fue el segundo '9' de siempre y su trajín fue más transversal que longitudinal en el terreno de juego.

Defensivamente, tampoco la Roja afrontó importantes contratiempos. Lo más llamativo fue el avance mostrado en la densidad del bloque colectivo de presión y en la ductilidad para moviilzarlo por las tres alturas de la cancha, según las necesidades propias o las impuestas por el rival. Contra Paraguay, se mantuvo en campo contrario, porque la cosa era ganar sí o sí y no tenía mucho sentido esperar atrás, recuperar e iniciar las cargas. En el triunfo frente a los venezolanos, por largos momentos, la recuperación se inició en la zona media e incluso en el sector defensivo. La apertura de la cuenta ocurrió mucho antes y el trámite resultó muy distinto al del duelo precedente.   

Aparte de las victorias (resultaron clave porque si no, ya no habría ninguna chance), la ilusión de disputar la posibilidad de estar en el Mundial hasta el último partido contra Uruguay se nutre también de la imagen como equipo que dejó el cuadro nacional. La sensación que quedó es que el conjunto evidencia algunos comportamientos repetidos tanto en defensa como en ataque que avizoran una identidad de juego. El famoso y manoseado "¿A qué juega la Roja?". Fluidez, sentido colectivo y proximidad de las líneas en la recuperación del balón. Circulación simple, penetraciones por las puntas y mejoría en el potencial de definición durante los avances hacia el arco rival. Evidentemente, otro Chile.