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Lo que esconde el año de Garin

"La estadística más fría indica que en el año, Garin ganó 21 partidos y perdió 18, dejando en claro que la irregularidad fue constante..."

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"La estadística más fría indica que en el año, Garin ganó 21 partidos y perdió 18, dejando en claro que la irregularidad fue constante..."

Hace unas horas se conoció que Cristian Garin (17°) puso término a su temporada 2021 por una lesión en el hombro derecho. La estadística más fría indica que en el año ganó 21 partidos y perdió 18, dejando en claro que la irregularidad fue constante. Pero detrás de esos números, hay muchas cosas que, al menos a mí, me cuesta encontrarles un sentido lógico.

Antes que todo, dividiré en dos esta columna: datos duros y opinión como tal. Parto con lo primero. Garin fue campeón en el ATP 250 de Santiago y además llegó a cuartos de final en el Masters 1000 de Madrid -allí perdió un partido increíble contra Matteo Berrettini- y a octavos en Roland Garros, Wimbledon y el Masters 1000 de Montecarlo, donde cayó contra Daniil Medvedev, Novak Djokovic y Stefanos Tsitsipas, respectivamente.

Si lo miramos desde afuera, aquellos son buenos resultados. Perdió con quienes tenía que perder en el papel y en Madrid, incluso, le ganó al propio Medvedev que llegó a España siendo el tres del mundo. Pero hay que ponernos en contexto.

Garin tuvo muy buenos sorteos en Roland Garros y Wimbledon. En Paris, le ganó a Juan Ignacio Londero (102°), Mackenzie McDonald (119°) y Marcos Giron (84°) antes de cruzarse con una versión imbatible de Medvedev. Todos estos jugadores mencionados no están al nivel del chileno, menos en arcilla. Ganarles era una obligación. En Wimbledon, pasó algo similar. Antes de jugar con Djokovic, 'Gago' venció a Bernabé Zapata Miralles (125°), Marc Polmans (154°) y Pedro Martínez Portero (107°). Los españoles no son fuertes en pasto y Polmans, a pesar de ser australiano, está peldaños más abajo. Hizo lo que tenía que hacer.

En el ATP de Santiago, su cuadro estuvo conformado por jugadores que están acostumbrados a disputar Challengers. Le ganó a Alejandro Tabilo (168°), Juan Pablo Varillas (171°), Daniel Galán (121°) y Facundo Bagnis (118°), quien lo hizo sufrir muchísimo en la final. Ojo, no hay que quitarle mérito por conseguir el título, porque tenía mucho más para perder que para ganar, teniendo en consideración el Draw y que estaba de local. Pero Nikoloz Basilashvili y Daniil Medvedev esa misma semana ganaron en Doha y Marsella unos torneos mucho más competitivos.

¿Qué otro buen momento se pueden destacar del año de Garin? Su triunfo ante Felix Auger-Aliassime en Montecarlo. ¿El resto? Bajísimo. Y aquí es donde parte lo negativo del análisis.

Garin perdió en siete estrenos, de los cuales, en seis quedó libre en Primera Ronda. Es decir, era sembrado por su buen ranking. Por ende, fue despedido por jugadores con un ranking y una jerarquía más baja en el momento que los enfrentó. Y entre las caídas, hay unas que son difíciles de explicar. Christian Harrison (789°) lo derrotó en Delray Beach cuando dio inicio a su año. Sumit Nagal (150°) lo sorprendió en Buenos Aires y un opaco Marin Cilic revivió gracias a su triunfo contra Garin en Miami.

Quiero detenerme brevemente en el duelo contra el campeón del US Open 2014. Ese día, el chileno molió a derechazos al croata en el primer set, pero después, de forma incomprensible, retrocedió tres metros en la cancha y dejó que la autoridad pasara al otro lado de la red. Eso le pasó varias veces en el año y hay una sola explicación lógica: falta de confianza.

¿Otro dato brutal? Su registro ante el Top 50 fue 2-11. Así imposible competir arriba.

Por otro lado, su apuesta de no asistir a los Juegos Olímpicos tampoco le dio réditos. No aprovechó los cuadros de Bastad y Gstaad. Llegó a cuartos solo ganando un partido en Suecia y Suiza por tener Bye y perdió con Federico Coria (77°) y Hugo Gaston (150°).

En el US Open se fue en Segunda Ronda a manos de Henri Laaksonen, en un duelo donde mostró una muy mala cara tenística. Allí se marcó un quiebre que terminó por darse en la Copa Davis.

Garin tocó fondo en Bratislava. Recibió un 6-0 y 6-1 por parte de Norbert Gombos, 115 del mundo. Sí, el eslovaco jugó el mejor partido de su vida, pero el 17 del mundo no puede caer de esa forma ante un jugador que está 100 puestos más abajo, y menos por Copa Davis. Aquel fue el partido que desencadenó en el fin de la relación laboral con Franco Davín.

Esperaba muchísimo más de ese vínculo, básicamente por la jerarquía del coach argentino. Lo cierto es que percibí una involución total en el juego de Garin cuando trabajó con el trasandino. El chileno se convirtió en un jugador absolutamente defensivo, con una derecha que dejó de hacer daño, jugando con mucho top spin y efectos, pero corto, dejándolo en una mala posición cuando su rival se caracterizaba por mandar en los puntos. 'Gago' se aferró a ganar los puntos por desgaste y confió en su derecha cruzada en defensa, pero para ser top, con aquello no basta. Su servicio tampoco fue confiable. Y en el Tour, esas mezclas no son aconsejables.

Sí vi cosas interesantes desde que comenzó a trabajar con Jorge Aguilar. Se nota que hay un feeling especial entre ambos. Garin se siente cómodo y se libera con 'Manimal'. Y cuando está bien en ese aspecto, sí es el tipo con el potencial que todos conocemos. En Indian Wells soltó la derecha, fue agresivo, pero le tocó jugar con Alex De Miñaur que estaba encendido.

Sinceramente, creo que el congelamiento del ranking le hizo daño al número uno de Chile. Lo posicionó en una zona de confort muy peligrosa. Sus derrotas no generaban tanto impacto en su ranking semanal, pero la realidad es que aquello no durará para siempre. En este momento, Garin es el 32 del mundo en la Carrera a Turín. Solo sumó 1.180 puntos en el año, casi 700 menos que Denis Shapovalov, quien hoy es 17 en la Race. ¿Qué quiero decir con esto? Que la actual posición de 'Gago' no es real, es un espejismo que se podría convertir en un peligroso castillo de naipes.

Entonces, ¿cuál es el balance del año de Garin? Para mí, muy malo con una serie de resultados buenos, pero sin victorias resonantes, a excepción de la conseguida con Medvedev. Ganarle en una temporada a seis Top 100 y solo el 15% de partidos a integrantes del Top 50, no puede ser bueno para nadie. Ojalá en 2022 la historia sea muy diferente.

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