Seguir creyendo

Otra vez la Roja salvó la situación y mantiene las chances de lidiar hasta el último por asistir al Mundial 2022. Sin cumplir una gran presentación, el cuadro chileno venció con justicia a Paraguay en Asunción y, a la espera del partido entre Uruguay y Argentina en Montevideo, por ahora estaría yendo a Qatar, a raíz del cuarto lugar por mejor diferencia de gol que Colombia. De nuevo la impredescibilidad del fútbol ha quedado de manifiesto: no olvidemos que tras la caída en Lima ante Perú nos dábamos por eliminados.

A causa de la inesperada baja de Mauricio Isla, el DT Martín Lasarte optó por actuar con un sistema de juego 1-3-5-2. Quedó claro que fue mucho mejor ubicar por más tiempo a Marcelino Núñez, el reemplazante de Isla, más arriba en la cancha que a la misma altura de los zagueros, de lateral neto. La apuesta por el cruzado como carrilero derecho implicó mayoritariamente situarlo en la zona lateral del mediocampo y no confinarlo al sector defensivo. En lugar de dos innovaciones, debido a la inclusión de Núñez, evidentemente Lasarte optó solo por una: 'abrirlo' como externo junto a los otros volantes.

Las otras novedades fueron los ingresos de Enzo Roco y Claudio Baeza. Ambos cumplieron a cabalidad y un detalle reveló su correcta inserción en el funcionamiento colectivo: en ningún instante transmitieron la sensación de que no habían sido titulares en los triunfos precedentes contra Paraguay y Venezuela, en San Carlos de Apoquindo. Claro, los locales atacaron poco, pero el sector defensivo fue el con más innovaciones: de actuar con cuatro, Chile pasó a hacerlo con tres y el referente posicional por delante de la última línea fue otro, con todo lo que esto implica en cuanto al equilibrio y las acciones de traspasos de marcas, coberturas y relevos.

Lo concreto es que, más allá de no acercarse al nivel de las presentaciones en el estadio de la UC, Chile dejó en evidencia la adquisición de una consistencia de juego. El equipo ratifica en cada jornada que cambió, exhibe una esencia que traspasa a los once ejecutantes, con comportamientos repetidos en ataque y defensa que le otorgan un rasgo identitario. En la fase ofensiva, abre la cancha, intenta llegar por los costados alternando con acciones por el centro (sobre todo por el empuje de Arturo Vidal) y el número de elementos que se suma a cada maniobra es interesante.

¿Qué falta todavía? Agilidad y fluidez en la circulación del balón, aun cuando no resulta fácil frente a bloques bajos de presión en el terreno de juego, como aconteció durante gran parte del encuentro en el Defensores del Chaco. Lo otro que parecía superado, pero volvió a emerger: la insistencia de Alexis Sánchez en apoyos con descensos, restándole espesura a línea ofensiva. Cuando mejor intervino el hombre del Inter de Milán ante Paraguay fue en las recepciones de espalda al arco rival, con la marca encina, realizando los giros con balón de su sello y encarando a continuación a los restantes defensas. 

La Roja no atacó mucho en Asunción, pero salvo un centro que se transformó en tiro al arco e impactó el poste izquierdo y un remate que cruzó toda el área, rozando el palo derecho, tampoco lo pasó mal en retaguardia. Quizás esto último sea la conclusión más importante del pleito y es indudablemente un paso adelante importante pensando en lo que viene. Para aspirar a cualquier cosa, la seguridad defensiva es clave.

Atrás Chile se vio siempre seguro, tanto cuando se vinieron encima los paraguayos como al momento de gestar la construcción de juego desde las últimas posiciones. Y eso que el local apostaba al contraataque, pero el trío Maripán-Medel-Roco evidenció lectura de juego para anticipar la próxima jugada, eficacia en el 1 vs 1 y pleno fiato en las dinámicas de cobertura y presión. Así se puede seguir creyendo en disputar hasta el último la posibilidad de estar en el Mundial.