“La final de la Copa América fue un gran dolor... Jugué el mejor partido de mi vida”
El ‘Gurú’ recordó con una mezcla de orgullo y amargura su actuación ante Paraguay en el Estadio Nacional, donde fue la gran figura en el triunfo de la Roja, pero terminó expulsado.


La carrera de Eduardo Bonvallet estuvo marcada por la intensidad, y ningún episodio lo refleja mejor que la final de la Copa América 1979. En el podcast ‘Bonvallet: Genio y Sombra’, producido por Ojos Negros y Podium Podcast Chile, se desclasifica un momento en que el ‘Gurú’ cuenta en Terra lo que vivió en esa definición.
El ex futbolista contó lo que significó para él aquel proceso bajo el mando de Luis Santibáñez, donde pasó de ser el motor del equipo a cargar con la culpa de no haber alcanzado el primer título continental para Chile.
Bonvallet no dudó en calificar el duelo de vuelta ante Paraguay en Santiago como la cúspide de su rendimiento: “El mejor partido de mi vida. Participé en el gol, ganamos 1-0... venían cinco paraguayos y me pasaba a los cinco. Hay filmación de esta cuestión”, relató con su característica seguridad, recordando la jugada donde un remate suyo provocó el rebote del portero Roberto “Gato” Fernández que Carlos Rivas terminó empujando a la red.
El codazo de Morel y el “accidente” fatal
Sin embargo, la gloria deportiva se vio empañada por un arranque de temperamento que cambiaría el destino de esa final. En medio del fragor del partido, Bonvallet se enfrascó en una disputa con el delantero guaraní Eugenio Morel.
“Él me pegó un codazo, ¡pam! Y yo se la devuelvo con una patada. Y los dos expulsados”, rememoró el volante. La tarjeta roja fue un golpe devastador para sus pretensiones: “No podía creer esta barbaridad que había hecho. Ganamos 1-0, pero la final no la pude jugar en Buenos Aires el desempate”.
La herida de Buenos Aires
Para Bonvallet, su ausencia en el tercer partido disputado en cancha de Vélez Sarsfield (que terminó 0-0 y le dio el título a Paraguay por diferencia de goles en la ida) fue el factor clave que impidió la consagración chilena. Con la honestidad brutal que lo caracterizaba, el mediocampista asumió su responsabilidad deportiva en la derrota.
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“Acá le hacíamos los goles que necesitábamos, porque era más importante yo que Eugenio Morel”, sentenció, convencido de que su presencia habría inclinado la balanza a favor de la Roja.
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