ENTREVISTA AS | PARTE II

“Mi mamá me dejaba almorzado a las 6 a. m para que no pase hambre... Yo me desvivo por ella”

“Siempre vi el esfuerzo que hacía cuando trabajaba en el campo y era temporera... Se me infla el corazón al ver la madre que me tocó”, cuenta Óscar Salinas a AS Chile.

“Mi mamá me dejaba almorzado a las 6 a. m para que no pase hambre... Yo  me desvivo por ella”
Rodrigo Huerta
Redactor de AS Chile
Es periodista desde 2017. Se especializa en fútbol, tenis, golf y pádel. Actualmente cubre Universidad de Chile.
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Óscar Salinas (37) jugó 20 años a nivel profesional, tiempo en el que logró consolidarse en las primeras dos categorías del fútbol chileno. Pero lo que pocos saben, es que el delantero vivió una infancia marcada por el sacrificio de su familia, que hizo lo imposible para darle lo mejor.

“Siempre vi el esfuerzo de mi madre que hacía cuando trabajaba en el campo como temporera, entonces en ese sentido me enorgullece. Se me infla el corazón al ver la madre que me tocó, porque yo no la elegí, pero si Dios me da la posibilidad, yo la escogería a ojos cerrados", dice a AS.

- ¿Tiene algún recuerdo que sea como más especial que el resto?

- Pucha, me vas a hacer llorar... Cuando la vieja (mamá) cocinaba como a las seis de la mañana, me dejaba almorzado, me acuerdo, a esa hora, para que no pasara hambre en el día, que llegaba toda embarrada de trabajar. Me acuerdo de esas cosas, del esfuerzo que hacía ella, que se iba con lluvia a trabajar igual, también tengo recuerdos de mi papá cuando me llevaba a cortar tomates, ¿cachai? Esas cosas lindas de la vida fueron cimentando el camino para ser lo que soy hoy. Mi padrino Mauricio Aguilar también me llevaba a trabajar y me decía que él no quería verme ahí: ‘tú tienes que ser más’, me dijo.

- ¿Y cuánto le impactó ese consejo de su padrino y todo lo que vivió cuando niño?

- Había momentos que no quería más, que me quería venir para la casa, que no dormía, que tenía depresión, pero me acordaba que sabía lo que me esperaba, que era trabajar como temporero. No le quito méritos, pero sabía lo duro que era. Entonces, cuando pensaba eso, siempre me motivaba a seguir. Todo eso me sirvió mucho para lograr ser quien soy.

- Creció en un contexto de mucho esfuerzo. ¿Qué otros sacrificios fue valorando de más grande?

- El de mi abuela Rebeca, que todavía está viva, que le digo la ‘abuela del Titanic’. Crio a 18 hijos y como a 40 nietos. Tengo un hermoso recuerdo de ella que me crio también cuando mi mamá trabajaba. Después crecí y no me podía rendir, porque yo a mi papá y a mi madre le decreté que iba a ser futbolista profesional, entonces no podía fallar.

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- Usted expresa mucho afecto a su madre con palabras. ¿También lo hace físicamente?

- Todo el tiempo le digo que la amo, pero me cuesta mucho demostrárselo físicamente. Yo creo que es porque me fui muy chico de la casa, pero yo vivo y desvivo por mi madre y por mi abuela. A mí me frustraba ver a mi madre frustrada por no poder comprarme dos poleras o cinco boxers, calcetines, o que no se comprara sus cosas para ella.

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