MUNDIAL 2026

La vergonzosa historia que une a Chile con el mayor escándalo del Mundial 2026: “Soborno de 10.000 dólares”

Al levantarse la suspensión a Folarin Balogun, tras la intervención del mandatario Donald Trump, se quiebra la rigidez de la suspensión automática.

La vergonzosa historia que une a Chile con el mayor escándalo del Mundial 2026: “Soborno de 10.000 dólares”
Phil Noble
Luis Reyes
Editor y estadígrafo
Es uno de los fundadores de la edición chilena de Diario AS. Hoy es uno de los editores. Periodista de la Universidad Bernardo O'Higgins, convirtió un hobby de niño en su oficio: las estadísticas de fútbol. El 'Rey del Dato' es uno de los estadígrafos deportivos más reconocidos de América.
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El caso de Folarin Balogun no es el primero de la historia de los Mundiales donde se perdona a un jugador expulsado por intervención de la FIFA. En el gran escándalo del presente Mundial 2026, la estrella estadounidense podrá jugar el partido ante Bélgica, pese a haber sido expulsado en el partido ante Bosnia.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, confirmó que pidió a la FIFA que revisara la suspensión del delantero, porque él pensaba que “no era falta”. El mandatario afirmó que el organismo rector del fútbol mundial “tomó la decisión correcta” al levantar la sanción y añadió que, de haberse aplicado, habría dejado una “gran mancha” en el torneo.

El gobernante confirmó que habló con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, pero dijo que “lo único” que hizo fue pedir una revisión, y añadió que no le indicó al suizo que debía suspender la sanción. Desde que la entidad implementó la suspensión automática, ningún jugador había logrado obtener un indulto. Lo más parecido a una indulgencia que se registró fue el trato a las superestrellas Ronaldinho (en 2002, cuando la FIFA mantuvo el castigo en un partido tras una roja directa que arriesgaba tres fechas) y Cristiano Ronaldo, en el indulto de 2025, antes del presente Mundial.

El precedente político y el trato dispar con Honorino Landa

En el Mundial de 1962, Garrincha fue expulsado en la semifinal ante Chile, pero pudo jugar la final ante Checoslovaquia por una intervención diplomática. Ante la baja por lesión de Pelé, el primer ministro de Brasil, Tancredo Neves, envió un telegrama urgente al presidente de la FIFA, Stanley Rous, apelando a que el extremo era un “excelente atleta y una persona sumamente disciplinada”. El organismo señala que el presidente de Chile, Jorge Alessandri, también apoyó que el atacante jugara la definición.

Lo llamativo es que en ese partido, el delantero chileno Honorino Landa también fue expulsado a los 80 minutos tras reclamar al juez peruano Arturo Yamasaki.

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En el caso del brasileño, la salida obligada ocurrió en el minuto 83 tras una patada a Eladio Rojas, cuando aún no existían las tarjetas. La Comisión de Organización de la FIFA, que en la época definía los castigos, acogió la apelación brasileña amonestando a su figura, pero rechazó el requerimiento de Chile por Honorino Landa, quien se perdió la definición del tercer lugar ante Yugoslavia.

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Lo increíble es que, probablemente por cosas de la época, el entrenador de Checoslovaquia, Rudolf Vytlacil, dijo que “nos gustaría que jugara Garrincha, junto a Pelé -estaba lesionado, pero lo esperaron hasta el último minuto-, de hecho oficiamos a la FIFA para que no lo castigaran”.

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El soborno a Esteban Marino detrás del fallo de 1962

La verdadera razón del no castigo al puntero brasileño radicó en la ausencia de pruebas clave. El árbitro principal no vio la agresión y procedió exclusivamente por el reporte de su guardalínea, el peruano Esteban Marino, quien misteriosamente abandonó el país al día siguiente del encuentro. En 2012, el referí suplente Olten Ayres reveló que el réferi de esa misma nacionalidad, João Etzel Filho, convenció al asistente de no presentarse a la audiencia testifical a cambio de un incentivo económico de la Confederación Brasileña de Fútbol.

“João Etzel se llevó 10.000 dólares de soborno, que era mucho dinero en aquel entonces. Se los dio a Esteban Marino por orden de los directivos de la Confederación Brasileña de Fútbol”, develó Ayres sobre la maniobra extrafutbolística. El réferi suplente complementó el entramado con una posterior confesión de su colega: “Más tarde me encontré con João Etzel y me dijo: “Yo fui quien ganó el Mundial””.

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La transacción fraudulenta, no obstante, derivó en un conflicto posterior entre los involucrados, según relató el propio Ayres al recrear su último diálogo con el juez de línea incaico: “Me dijo que estaba buscando a João Etzel. Le pregunté por qué, y me respondió: ‘João recibió 10.000 dólares para darme y solo me entregó 5.000’”.

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