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El fin de la generación dorada

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A Alexis Sánchez hay que respetarlo y escucharlo. Su palabra es autorizada para hablar de la selección chilena. Mal que mal es el jugador con más partidos jugados en la historia de la Roja, el goleador histórico, el máximo asistidor, el mejor de todos en un grupo de futbolistas extraordinarios.

A Alexis Sánchez hay que respetarlo y escucharlo. Hace algunos días en una entrevista concedida a TVN aseguró, sin ambages ni subterfugios, que la generación dorada ya había terminado. Es hora, dijo Alexis, de guardar dichos recuerdos, mantenerlos en un cofre donde se cobijan los tesoros inolvidables y aprender de esa experiencia. Pero ya fue. Se acabó. Ahora somos otra cosa, dijo el nortino.

A Alexis Sánchez hay que respetarlo y escucharlo.

Tiene razón el delantero cuando enumera que en las actuales nóminas quedan muy pocos de aquellos que condujeron a la Roja no sólo a campeonatos inéditos, sino a obtener un respeto transversal en el planeta fútbol, como nunca antes. La generación dorada cambió la manera de cómo miramos el fútbol y también cómo nos miran desde afuera. Y eso vale más que varias vueltas olímpicas.

Además de un rendimiento superlativo y de jugar en los mejores clubes del mundo, hay un aspecto de esa generación que debe ser transferido a los intérpretes venideros. Calidad, difícil, porque tipos como Alexis o Vidal salen cada 40 años en este lado del mundo. Pero hay una forma, un discurso, una ética del trabajo que sí puede heredarse, aunque las condiciones no sean parecidas ni similares. Ese gen competitivo que resaltó en jugadores que querían ganarlo todo y que estaban convencidos que al frente siempre había un equipo de once, un rival al que se podía vencer con las armas disponibles.

Porque a lo largo de la historia del fútbol nacional hemos visto jugadores de magnífica calidad. Talentos superiores que enmudecen galerías rivales. Pero no basta con eso. A esa dosis de talento hay que agregarle una capacidad de trabajo, de entrenamiento, de subir la vara permanentemente, que te haga aspirar a alturas superiores, estrechando los márgenes ante rivales que siempre fueron mejores que tú.

Cuando el capítulo se cierra, cuando el mejor de todos dice que ya es hora de buscar otro concepto, es necesario hacer un paréntesis y sincerarnos: fuimos más felices de lo que alguna vez soñamos gracias a un grupo de jugadores inolvidables.

Testigos de la historia.

Cronistas de la misma.

Afortunados porque la llave del recuerdo la tenemos nosotros y podemos acudir a ella cuando la nostalgia nos pida un respiro.