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El plato del asado II

Michael Clark se marcha sin títulos, contando una sola parte de la historia y con las pruebas de que cada vez que desmintió algo, terminó siendo cierto.

Editor de Deportes de Chilevisión. Tenor de ADN Deportes y comentarista de Radio Futuro
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Michael Clark renunció a la presidencia de Azul Azul de manera irrevocable. Argumentó razones personales para dejar la testera de la concesionaria que administra la Universidad de Chile. En su carta de despedida destacó el orden administrativo del club y anunció que pronto, muy pronto, habrá novedades sobre el anhelado sueño del estadio propio.

Clark, como siempre, no cuenta toda la historia.

Lo que Michael Clark no cuenta es que su permanencia en la U era insostenible, no sólo desde lo legal, sino que desde lo ético. Su salida responde a un momento de alta tensión desde el punto de vista judicial. Ha sido cuestionado por maniobras de extrema gravedad, como fraude, estafa, proporcionar información falsa y otras acciones reñidas con la ética y lo legal. En un país con estado de derecho, la presunción de inocencia no es discutible. Debe respetarse a rajatabla. Y Clark no ha sido condenado a ningún delito. Pero otra cosa es la interpretación de sus actos.

Cuando uno lee su carta de despedida estamos en presencia de un estadista a la altura de los mejores. No menciona Clark que no fue campeón, no menciona líneas directas respecto al estadio, no menciona la cantidad de acciones judiciales en su contra ni tampoco menciona las veces que las desmintió. Porque dijo a viva voz que todo eso era falso, era una mentira creada por un sector de la prensa ligado a Colo Colo, la misma que había anunciado que Gustavo Álvarez se iba de la U, lo que Clark desmintió furibundo, diciendo que las fuentes de los periodistas eran “el plato del asado”.

El plato del asado acertó con su salida de la U, con las querellas presentadas, con los cambios institucionales, con la salida de los Shapira, con el cambio de entrenador.

Clark se aleja para tratar de salvarse y está en todo su derecho. Pero la U sigue en las mismas manos. Las visibles, como lo serán Cecilia Pérez, presidenta interina y José Ramón Correa, un director que seguramente adquirirá más notoriedad. Seguirá con un directorio que puede cambiar de nombres pero no de fuerzas. Seguirá con las personas que tienen el poder subterráneo que controla la Universidad de Chile y que tiene cada vez más peso.

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Clark se marcha sin títulos, contando una sola parte de la historia y con las pruebas de que cada vez que desmintió algo, terminó siendo cierto, incluida su salida. El plato del asado a veces está más informado que el dueño de la mesa. O el que pone los cubiertos, en el mejor de los casos.

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