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La otra mitad del vaso que está media llena

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Grande fue el lamento de las fanaticadas cuando Colo Colo y Universidad Católica quedaron eliminados de la Copa Sudamericana ante Inter de Porto Alegre y Sao Paulo, respectivamente. Se puso de moda hablar del fair play financiero, de la abismal diferencia presupuestaria con los equipos brasileños, que estos debían estar en otra liga y que casi no valía la pena participar donde estuvieran ellos, pese a que una semana antes Colo Colo le había dado un baile al ex equipo de Elías Figueroa en el Monumental.

Como la memoria es cortoplacista y frágil, es bueno rememorar lo bueno... Antes de que se nos olvide. Los deportes que no son fútbol (para no llamarlos “otros” deportes como les decían en los diarios antiguos de papel) han tenido semanas gloriosas. Y no lo digo desde una óptica “viejoconformista”, por ponerle un nombre.

Me tocó seguir de cerca como reportero la carrera de un tenista número uno del mundo y de otros dos que fueron campeones olímpicos. Por lo tanto, no es una cuestión de emborracharse con las luces y los laureles. Pero, en esos tiempos, no se cruzaba ni por el más dulce de los sueños que una selección chilena de rugby estuviera disputando los playoffs por un cupo para la Copa del Mundo. Era inimaginable que un golfista chileno estuviera en el desempate del PGA Championship, el major que ningún latinoamericano nunca ha ganado. Y absolutamente increíble que otro hubiese ganado títulos en el PGA Tour. Era un cuento de hadas pensar en que las Diablas estuvieran en una Copa del Mundo de hockey césped, algo que solo veíamos por TV gracias a las Leonas vecinas. Y, lo más increíblemente increíble de todo, que un chileno juegue en la NFL. Eso sí que es... inverosímil.

Bajo la lógica de la competencia desigual y los presupuestos dispares, Niemann y Pereira deberían haber ido a una universidad gringa con beca y usar el golf como herramienta para hacer negocios. Y Sammis Reyes debería haber aspirado a ser el pivote estrella de nuestra Liga Nacional de Básquetbol. No me olvido de Cristian Garin. Un chileno en cuartos de final de Wimbledon después de 17 años es un enorme y celebrable mérito, más allá de que el tenis brinde alegrías como estas de manera más seguida en la historia de nuestro deporte. Hay cosas buenas también. Vale la pena tenerlo en cuenta.

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