Las bancas ya se mueven
Hay técnicos que dan un salto adelante en si carrera al asumir desafíos mayores, como Francisco Meneghini en la U; los que deben demostrar que tienen madera para dirigir un grande, como Fernando Ortiz en Colo Colo.

Salir campeón nunca es fácil, en ninguna parte. El que da la vuelta olímpica siempre tiene un mérito importante, nadie le regala nada, incluso en torneos devenidos a nivel continental como el chileno.
De los 16 equipos que arrancarán el torneo, sólo dos serán dirigidos por entrenadores que han ganado algún título nacional en Primera División. Daniel Garnero, con varios títulos en su bitácora, sobre todo en el fútbol paraguayo y Juan Cruz Real, el flamante técnico de la Universidad de Concepción, quien supo dar una vuelta olímpica con el América de Cali en Colombia.
¿Son los títulos el único parámetro para validar entrenadores? Por supuesto que no, porque la gama que veremos, al menos en el arranque del campeonato, presenta diferentes matices. Están técnicos de larga trayectoria que año tras año renuevan su valía, como Gustavo Huerta en Cobresal; los que vienen realizando excelentes campañas en la B y quieren refrendarlo en Primera, como Cristián Muñoz en Palestino; los que dan un salto adelante en si carrera al asumir desafíos mayores, como Francisco Meneghini en la U; los que deben demostrar que tienen madera para dirigir un grande, como Fernando Ortiz en Colo Colo.
Esta es sólo la foto inicial, pues sabemos que las turbulencias de los resultados encuentran en la banca técnica un terreno inestable.
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Se podría ver al fútbol chileno como un terreno de prueba para nuevos entrenadores. O como una liga en donde los presupuestos no dan para contratar técnicos de mayor tonelaje. O como un escenario para apostar por nuevos entrenadores, que buscan dar un salto adelante en sus carreras. A veces sobredimensionamos el torneo chileno, menospreciamos al vecindario. Un buen momento para dar un impulso es reconocer el diagnóstico, por crudo que sea y avanzar desde ahí.
Entrenadores que deberán gestionar las expectativas de una afición que tiene al deportivo ganar como el único equipo favorito y a dirigencias que a lo largo del tiempo no suelen demostrar demasiada estabilidad en su conducción.

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