ARCOS

Pititore murió en soledad

Su adiós fue multitudinario. La congoja se extendió a todas partes. El recuerdo con añoranza fue inmediato. Pero murió en soledad.

Pititore murió en soledad
Cristian Arcos
Editor de Deportes de Chilevisión. Tenor de ADN Deportes y comentarista de Radio Futuro
Actualizado a

Quiénes conocieron a Víctor Pititore Cabrera coinciden en que era un jugador distinto, un delantero con condiciones naturales excepcionales, que siempre entendió cómo se jugaba a la pelota, pero le costó mucho entender cómo jugar al fútbol.

Cabrera fue un delantero espontáneo, salvaje, silvestre, como diría Bielsa. Un atacante lleno de atributos. Podía enganchar hacia ambos perfiles, definía con precisión tanto con la pierna derecha como la pierna izquierda, con un brinco sobresaliente y un cabezazo demoledor. Usaba el golpe de cabeza para asociarse. Contaba Ivo Basay, compañero suyo en Everton de Viña del Mar, que Cabrera lo ponía en juego con la nuca incluso, pues su sentido futbolístico le permitía anticipar la maniobra.

Pero Pititore no sabía de disciplinas tácticas, de entrenamientos excesivos, de charlas técnicas extremas, de riguroso comportamiento. Para él esto se trataba de jugar a la pelota el domingo y hacer más goles que el rival.

No es fácil convertir en inolvidable a un equipo de provincia con pocos triunfos. Cabrera fue el protagonista de un equipo legendario, con Patricio Yañez, el Pindinga Muñoz, Bahamondes, Patato Martínez y una pléyade de figuras que hicieron del conjunto canario un elenco entrañable a comienzos de los 80. Nadie hizo más goles que Pititore en el historial quillotano.

Perteneció a una década llena de delanteros que tuvieron que luchar por un espacio, en canchas más discretas que las actuales y con mucho menos dinero sobre la mesa. Caszely, Castec, Letelier, Arriaza, Tunga, Basay, Hurtado, atacantes formidables en una época en que los clubes buscaban al 9 en Chile y no siempre fuera de nuestras fronteras.

Pero Cabrera murió solo. Su adiós fue multitudinario. La congoja se extendió a todas partes. El recuerdo con añoranza fue inmediato. Pero Víctor Pititore Cabrera, el máximo goleador en la historia de San Luis, el artillero del torneo 1984, el querido por todos, murió en soledad.

Sin juzgar, es un llamado de alerta a nuestra sociedad. Estar pendiente de la gente más grande, que vivan solos, que padezcan alguna enfermedad crónica. Pititore se fue en el recuerdo de todos, pero muy solo.

Noticias relacionadas

Y los ídolos, ni nadie, deberían morir en soledad.

¡Lleva el deporte contigo! Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Etiquetado en:

Te recomendamos en Opinión