Superclásico y el ganar como sea
Es evidente que para la U el nivel de presión de cara a este duelo es más alto que para el Cacique.


El Superclásico es un partido distinto siempre. Y en esta ocasión llega con urgencias y confirmaciones para Colo Colo y la Universidad de Chile que pueden marcar el derrotero inmediato.
Es evidente que para la U el nivel de presión de cara a este duelo es más alto que para el Cacique. Los resultados marcan tanto la tabla como el estado de ánimo en ambas veredas.
El Colo Colo de Fernando Ortiz tiene el mérito de haber ganado sus últimos partidos pese a no encontrar aún una fisonomía de juego muy nítida. Ganar sin jugar bien es un mérito, una tabla que permite evadir críticas más duras y buscar, con la tranquilidad de una base de puntos ya acumulados, el mejor desempeño. Después de un muy mal debut ante Limache, Colo Colo logró ganar consecutivamente tres partidos. Dos de ellos con goles sobre el final (Everton y La Calera) y otro por la mínima ante O’Higgins. Victorias apremiantes, angustiosas, pero justas. Colo Colo supo cerrar el arco. Fernando De Paul no recibió goles en contra en estos tres duelos. Ortiz mantuvo la línea defensiva con Jeysson Rojas, Jonathan Villagra, Joaquín Sosa y Diego Ulloa.
Más allá de la pirotecnia mediática que tienen otros jugadores, la regularidad de Víctor Méndez le ha permitido un alza en el control de juego, a un equipo que no se genera demasiadas ocasiones de gol, pero mientras mantenga su arco en cero, sus chances de ganar crecen exponencialmente.
La U vive de urgencias. No ha ganado en este campeonato y ante Limache, donde quizás tuvo sus mejores pasajes, tampoco pudo abrochar un positivo. Dudas futbolísticas, rendimientos que no se consolidan, un partido que se detuvo por incidentes cuando la U estaba mostrando su mejor cara. Un sinnúmero de factores que parecen más graves cuando el resultado no acompaña.
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Dos equipos que no han mostrado rendimientos altos, pero uno con resultados a favor en la canasta. Y el otro, que sin ganar, pareciera que todo se nubla y no se despeja con nada.
Una vez más queda demostrado que el ganar como sea es el camino más largo para, precisamente, poder ganar.