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El terrible miedo al elogio

Algo nos pasa. Quizás fueron los años de oscurantismo en la dictadura que asolaron al país. O quizás provenga de nuestra enseñanza más pedestre. El asunto es que el elogio nos cuesta. Mucho. O caemos en la exageración brutal o nos cuesta un montón admitir los valores del que gana, del destacado, del tipo que es bueno en lo que hace.

Salió el listado de los 23 futbolistas que disputarán el Balón de Oro como mejor jugador de la temporada. Por primera vez aparecen dos chilenos en la nómina. Y en vez de felicitar a Alexis Sánchez y Arturo Vidal, empezamos a cuestionar la designación. Que no se lo merecen, que están a años luz de Cristiano y Messi, como si uno no lo supiera. Aplaudan chiquillos. Miren el vaso medio lleno. Nunca, pero nunca hubo chilenos en esta nómina. Aplaudan y reconozcan que están ahí por algo.

Jorge Sampaoli fue incluido entre los diez mejores entrenadores del año. Que no tiene nada que hacer, que es porfiado, que Bielsa armó el trabajo, que se quiere ir. Da lo mismo. Un DT de la selección chilena de fútbol fue considerado entre los diez mejores del mundo en este año. Punto. Aplaudir se ha dicho.

Después de sus grandes actuaciones en el arranque eliminatorio, muchos abrieron el debate sobre si Alexis Sánchez podría discutirle a Elías Figueroa el cetro del mejor jugador chileno de todos los tiempos. Soy de los que creen que aún le falta. Voto por Don Elías. Pero la mayoría opta por defender al zaguero ninguneando las enormes campañas del nortino. Que ahora es más fácil. Que Elías habría jugado en el Real Madrid. Que Alexis no ha sido el mejor de América (a los 23 estaba en Europa, por si acá), que el marketing lo infla. En vez de apreciar el saludable debate, de argumentar desde las fortalezas, optamos por derrumbar la posición que no nos agrada. En vez de agradecer que en la mesa de los mejores hay espacio para más, se elige pegarle al contemporáneo, a quien le resta mucho por jugar.

Chile fue campeón de América. Por primera vez en cien años. Que Argentina y Brasil estaban en crisis, que ahora en el Scratch juega cualquiera, que en Uruguay no estaba Suárez. ¿Tanto cuesta admitir que en este 2015 Chile ha sido, por lejos, el mejor equipo del continente? ¿Seremos menos serios, peores profesionales, si admitimos que estamos en presencia de un grupo estelar, de una selección que alcanzó coronas siempre deseadas y vistas de lejos?

No es necesario ser altruista, generoso, particularmente brillante, aventajado, distinto. Basta solo abrir la mente, los ojos, los sentidos. Mirar alrededor, más allá del ombligo. Nada peor que la historia pase delante de tus ojos y no seas capaz de apreciarla. Hasta que sea demasiado tarde.