Entender el fútbol

El fatal apuro de Cristián Álvarez y Matías Rodríguez

El instante justo en que Álvarez le comete penal a Ubilla.
Marcelo Hernández
Pablo Ortega
Periodista, Entrenador de Fútbol y ex futbolista profesional. Titulado en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y egresado del Instituto Nacional del Fútbol (INAF) de Santiago. Es columnista y redactor de Fútbol Nacional e Internacional y de temáticas de índole táctica en AS Chile.
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En el Estadio Nacional quedó la sensación de que el clásico universitario fue un partidazo. Es lógico, siempre predomina la percepción final, los últimos acontecimientos, como si todo lo anterior no existiera. Un ejemplo cabal es la situación de Martín Lasarte en la U: esperan que se vaya pronto, olvidando el título conseguido en una lucha sin cuartel ante Colo Colo y Santiago Wanderers. Seguro llegará Sebastián Beccacece y será el mejor entrenador del planeta... hasta los primeros traspiés, por supuesto.

Durante el primer tiempo pasó casi nada en Ñuñoa, aunque la U fue superior, estando cerca de abrir la cuenta en un par ocasiones. En ventaja gracias al gol de Patricio Rubio, posteriormente los azules se encaminaron a pie firme hacia una victoria reivindicatoria. Luego del penal anotado por Johnny Herrera, tras un foul bastante absurdo, para un defensor de la experiencia de Cristián Álvarez.

Seguramente, al capitán de los cruzados aún le debe estar dando vueltas en la cabeza la infracción a Sebastián Ubilla. Contra un jugador de espalda hacia el arco de la UC, perfilado hacia el banderín del córner, sin siquiera tener el control del balón, Álvarez arremetió con todo. Penalazo, casi nadie protestó.

¿Qué se podía esperar del zaguero en esa situación de juego? Marca muy estrecha, impidiendo el giro de Ubilla hacia el arco, acompañándolo en su conducción hacia el costado. En suma: desactivar la maniobra, con cautela y ponderación, atributos que, en situaciones puntuales, el cruzado extravía, sobre todo cuando el marcador es desfavorable.

Sin embargo, posteriormente lo mismo sucedió en la última línea de la U. Álvarez soltó un resoplido de alivio, ya que el empate le permitió a la UC mantener activa la presión sobre el puntero Colo Colo.

En los últimos segundos del partido, Matías Rodríguez, siempre bien prolijo y atinado en su labor de lateral derecho, cayó en el mismo error de apresuramiento del capitán cruzado. Presionado contra su propio arco, pero cerca de la línea de banda, en un acto repentino optó por jugar hacia el medio con Osvaldo González. Un pase transversal, en el epílogo, ante un equipo que hace de la presión avanzada su estandarte de lucha. David Llanos recuperó el balón y Michael Ríos fusiló a Herrena con un cañonazo.

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¿Qué se hubiese esperado de Rodríguez en tal momento del partido? Una solución al problema coherente con su lucida trayectoria. Proteger el balón, como si en la maniobra se le fuera la vida, gatillando tal vez una infracción. Si no, dejarse de contemplaciones y reventar la pelota hacia la fila más alta de la tribuna Andes. Por último, intentar jugar, pero por el costado, en una acción de juego longitudinal paralelo a la línea de banda.

Álvarez y Rodríguez son viejos zorros en el arte de defender. Por demolición, acumulan más éxitos que desaciertos en su labor, lo que en la actualidad los tiene vigentes en dos grandes de Chile. Sin embargo, está más que claro: la trayectoria no inmuniza ante un acto irreflexivo de apuro por resolver los enigmas del juego.

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