Cochinos de cuello y corbata

Sergio Jadue salió arrancando del país. Después de mentir cinco años, de conspirar, de creer que la ANFP era su juguete predilecto, huyó a Estados Unidos para convertirse en soplón legal, protegido por la justicia del país autoproclamado adalid de la libertad.

Después de un lustro de silencio, Cristian Varela, uno de los directores de la ANFP, mandamás de ChileFilms, presidente del Comité Organizador de la Copa del Mundo sub 17, sacó la voz para decir que Jadue los engañó a todos, que nadie sabía nada, que estaban sorprendidos. Lo calificó como un actor profesional.

Después de eso, justo después de eso, aparecen en las redes sociales, en internet, fotografías de Cristian Varela en una fiesta. Varela no es ni será santo de mi devoción, pero la forma de silenciarlo es de la más baja estofa imaginable. Una filtración que habla mucho más de quien entregó las fotografías que del propio Varela. Lo que haga en su tiempo libre, no me importa ni me interesa. Quienes entregan esos documentos son los mismos que hace poquitos meses eran sus socios, sus compadres, sus compinches, sus amigos. Con esos amigos, mejor no tener enemigos. Esos mismos son quienes están a cargo y siguen al frente del fútbol chileno.

Miguel Nasur, quien se hizo millonario en dictadura obteniendo terrenos. Felipe Muñoz, prestamista de varios clubes. Ricardo Pini y Ramón Delgado, dirigentes que han hecho descender a sus clubes porque era mejor negocio. Estos señores, bajo el alero de Aníbal Mosa, quieren presentar una lista y sentarse en la mesa de Quilín. No resiste mucho análisis. La codicia parece no tener fin.

Recordemos que en su reelección, Sergio Jadue fue proclamado por aclamación. Ni siquiera hubo candidato opositor. Sacó todos los votos, todos, con excepción de tres abstenciones. Temuco, Santiago Morning y O'Higgins. El resto, todo el resto, avaló, promovió, aplaudió, la gestión de un dirigente que salió arrancando como hacen los cobardes.

Termina el 2015. En el balance deberíamos estar hablando de la primera Copa América de la historia, de la mejor generación de jugadores chilenos de todo los tiempos. Pero mientras esto pasa, los señores de cuello y corbata, hicieron pedazos el producto, mataron el campeonato, huyeron, conspiraron, se robaron hasta los cuadros de la oficina. Para quienes se fijan tanto de la presentación personal, estos caballeros estaban muy bien vestidos. Por si acaso.

Lo que pasa en el fútbol es el reflejo del país que hemos permitido. Una nación que le pertenece a quince familias, donde las decisiones no buscan el bien común, donde se legisla en favor de unos pocos, donde hasta morir sale caro, donde las oportunidades siguen siendo infinitas para unos pero imposibles para otros, donde los políticos pasan el platillo pidiendo dinero traicionando sus pocas convicciones.

Pasa en todas partes. El fútbol no es ajeno a estas cochinadas.

¿Lo hemos visto todo? Me temo que no.