El Salieri de Bielsa

Hace un par de días escribí una columna en este mismo sitio. Decía que veía con preocupación que Jorge Sampaoli estaba con el foco en cualquier parte y que más allá de las consideraciones económicas, el técnico había perdido algo mucho más importante que los dólares y los trofeos: la coherencia en su discurso. La legitimidad ante la afición, ante los dirigentes y sobre todo, frente a los jugadores.

Terminaba esa columna diciendo que ojalá estuviera equivocado. Lamentablemente no lo estaba. El tiempo le sacó el velo a las palabras encubiertas y a los silencios pactados. Sampaoli no quiere seguir. Quiere irse, sin pagar ninguno. Y se va de la peor manera. Disparando contra todos.

En alguno de sus puntos el técnico tiene razón. Nadie se merece que le publiquen los detalles de su contrato. Gane el sueldo mínimo o un camión de plata. Eso genera anticuerpos que alejan la discusión de lo que realmente importa.

Pero en el resto de los argumentos, el DT está profundamente hechizado con las luces y perdió su centro. Cuando ves enemigos en todas partes, cuando aseguras que una conspiración nacional e internacional pretende destruir todo lo construido, cuando te quejas de que no reconocen tus méritos, estás con la cabeza en cualquier lado.

Dice Sampaoli que ha sido maltratado. Porque han revisado sus contratos, modificados cinco veces en tres años. Porque negoció con un dirigente que confesó ser un corrupto. Porque los dineros que legítimamente ganó no fueron depositados en Chile, sino en paraísos fiscales, con la idea de evadir impuestos. Porque se le pide cancelar una cláusula de salida, que él mismo firmó, que hace un mes tenía todo sentido y hoy, para el entrenador, parece descabellada. Sampaoli dice que ha sido maltratado porque le piden que, aparte de ser un gran entrenador de fútbol, cumpla con la ley. Como todos.

¿Acaso por ser el DT más exitoso en la historia de la Roja, Sampaoli, o cualquiera, puede estar por encima de la ley? Imposible.

Cuando Chile ganó la Copa América el 4 de julio del 2015, nadie imaginó un escenario como el actual y sólo medio año después: con la dirigencia fugada, escondida, corrupta y con un entrenador que quiere salir arrancando del país. ¿En serio Sampaoli cree que acá lo van a secuestrar porque gana mucho dinero? ¿Habla en serio?

Se llegó a un punto de no retorno. El técnico quiere irse sin pagar. Pero si lo despedían, exigiría la indemnización que por contrato le correspondía. Sampaoli menospreció al fútbol chileno y al país que lo acogió. ¿De verdad cree que en Europa no lo van a criticar? Se queja por no ser reconocido en Chile. Sale del país y le da entrevistas a todos los medios posibles, en especial si tienen acento rioplatense. El mismo país donde Sampaoli nunca dirigió y cuyo medio lo subestimaba hasta hace seis meses.

Antonio Salieri fue un gran músico italiano. Coincidió en tiempo y espacio con Mozart. El mito dice que mientras Salieri ponía todo su esfuerzo, su énfasis y su disciplina para componer música, Mozart usaba el mínimo esfuerzo y su talento infinito y creaba, sin mucho empeño, melodías celestiales y perpetuas. De ahí en más, el apellido Salieri comenzó a usarse como adjetivo. Aquel imitador que quiere ser como su ídolo, pero que por más que lo intenta no logra ni acercarse. Su naturaleza menor, en algún minuto, se revela. Sampaoli no resultó ser un seguidor de Bielsa. Es apenas un Salieri. Aunque haya ganado la Copa América. Aunque sea el más exitoso de la historia. Hay cosas que no se compran en la farmacia y que se reflejan en los momentos extremos, en la cima o en el pozo. En la gloria, Jorge Sampaoli demostró que no sabía ganar.