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Abandoné las redes sociales hace un par de semanas, aburrido y hastiado de tanta agresividad. De hecho, varias de esas respuestas violentas provenían desde mi cuenta, en respuesta a algún comentario mal intencionado. Error de mi parte que no tiene justificación. Disculpas de mi parte.

Uno de los motivos de mayor sorna para un grupo de tuiteros era la cantidad de libros que publiqué en el último año. Tres libros en doce meses es un exceso. Un buen amigo, a propósito de este mismo tópico, me dijo algo pintoresco. Si las redes sociales hubieran existido en la época de The Beatles, quizás los habrían criticado por publicar doce discos en diez años. Quizás.

Escribo esta columna antes de saber el resultado de Colo Colo y Universidad Católica. El ejercicio de leer ciertos blogs es ilustrativo. Hay de todo, por cierto. Aportes estadísticos, análisis reflexivos, fanáticos que asumen su rol como debe ser: sin concesiones, pero con respeto. Me entero de buenas historias de Caciques y cruzados antes de la brega. Los accesos al estadio. Novedades reales. Este sábado, a través de twitter, nos pudimos enterar del caos que significó el ingreso al duelo entre Unión Española y la Universidad de Chile. Público, con entrada en la mano, que no pudo ingresar al Santa Laura hasta el segundo tiempo. Una prueba más del claro mensaje de la autoridad deportiva, policial y civil. No vaya al estadio. Cada asistente a una cancha del país es, hace rato, un superhéroe. Debe pasar cientos de vallas para ver a su equipo favorito en la cancha.

Si los chilenos fuéramos como dictan las redes sociales, seríamos un país ultra desarrollado. Uno lee que son todos honestos, certeros, creativos, cultos, asertivos, con un alto estándar moral y ético. Si Chile fuera como las redes sociales, nuestra selección jugaría mejor que Brasil 70. Marcelo Bielsa jamás se habría ido. Todos en redes sociales sabían de los turbios manejos de Sergio Jadue, pero no lo dijeron. Estaban esperando la ocasión.

En redes sociales, históricos dirigentes de clubes nacionales, que condujeron a sus instituciones a la quiebra y se enriquecieron personalmente, dan clases de ética y gestión. Si Chile jugara como quieren las redes sociales, ser segundo sería un fracaso. Porque en la red del pajarito azul, todos fueron eximios y llenan de creatividad sus lugares de trabajo, donde seguramente son reconocidos, apreciados y ostentan altos cargos, ganados a puro esfuerzo y talento. No como los otros, puros pitutos. Todos los otros. El resto. El vecino. El otro vecino. Y al de más allá no lo conozco, pero también.

En redes sociales se critica con fuerza a las barras bravas. Se descalifica a la masa que actúa en conjunto, nunca de manera individual y que tras la máscara de un equipo de fútbol, con el deporte como excusa, termina lanzando afuera toda su rabia y furia, confundidos en el grupo, sin dar la cara, usando apodos falsos y alias. Cualquier semejanza con algunos tuiteros es solo coincidencia. Claro, porque @elmaspulentodelospulentos y @tupeorpesadilla son tipos frontales. Por supuesto. No como el lumpen y los flaites que van al estadio. Esos no.

Hace poco menos de un mes falleció Umberto Eco, el filósofo italiano. Él escribió que "las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas".

Sobre twitter advirtió que "el fenómeno es por una parte positivo, pensemos en China o en Erdogan. Hay quien llega a sostener que Auschwitz no habría sido posible con Internet, porque la noticia se habría difundido viralmente. Pero por otra parte da derecho de palabra a legiones de imbéciles".

Sobre los medios de comunicación escribió que "con internet te fías de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada. Piense tan solo en el éxito que tiene cualquier página web que hable de complots o que se inventen historias absurdas: tienen un increíble seguimiento, de navegadores y de personas importantes que se las toman en serio".

Yo no concuerdo con Umberto Eco. Escribe puros disparates. #aquiénleganóUmbertoEco.

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