Adiós Mariscal

Tremenda noticia con la que terminamos el 10 de marzo del 2016, falleció Roberto Alfredo Perfumo, el “Mariscal”. Un grande del fútbol argentino y sudamericano, pero más aún, una muy buena persona… un amigo.

Roberto fue siempre un duro dentro de la cancha y un caballero afuera. Formado con la rudeza de los clásicos defensas centrales del Rio de la Plata, esa famosa frase de que “pasa el balón o el jugador, pero nunca los dos” la aplicó al máximo. Dicen los delanteros de la época que trataban de hacerle el quite a la hora de atacar por su lado.

Jugamos en contra muchas veces y en alguno que otro partido amistoso en el mismo equipo. Siempre hubo un tremendo respeto entre nosotros, admiración mutua por los logros de cada uno. Afuera de la cancha nos topamos en algunas entrevistas y en conmemoraciones futbolísticas que nos permitieron crear una bonita amistad.

Pero fue en una Copa Libertadores en la nos conocimos, yo como capitán del Peñarol de Uruguay y él como figura del Racing de Avellaneda, que por esos años era un constante en los torneos internacionales, de hecho ganaron la Copa en 1967. Para qué les cuento lo duro de ese partido, aunque la verdad es que no me acuerdo mucho porque en el primer tiempo recibí una patada en la cabeza que me dejó jugando inconsciente toda la segunda parte. Así era el fútbol de la época en el Rio de la Plata, a veces un poco violento, pero siempre de frente y saludando al rival apenas se terminaba el partido.

Roberto Perfumo fue el gran defensor rioplatense clásico, ordenado, líder. También nos enfrentamos muchas veces en Brasil, él por Cruzeiro, donde es muy recordado, y yo por el Inter de Porto Alegre. Equipazo tenía el equipo azul de esa época, partiendo por el Mariscal, acompañado de Nelinho, Dirceu Lopes, Palinha y Piazza entre otros grandes de la historia del fútbol de Brasil.

En fin, después de su retiro como futbolista profesional, Roberto Perfumo se transformó en un hombre de las comunicaciones, donde destacó por su simpatía y relajo frente a las cámaras. Y ahí, sus frases se recuerdan por certeros comentarios técnicos y por la ironía para ver el fútbol de hoy.

Para cerrar, me quedo con dos frases que quizás resumen a un grande que partió:

“Sin ser vanidoso no se puede jugar al fútbol. La vanidad impulsa a querer demostrar al técnico, al compañero, al rival y al hincha que uno es el mejor”.

“¿Viste los apodos que ahora tienen los delanteros? Kichi, Puchi, Chipi, Luchi... Además de marcarlos, dan ganas de hacerles el amor”.