Eliminatorias Sudamericanas

La dura realidad social de Venezuela que impacta a la Roja

Chile juega este martes en el país que vive una profunda crisis social y económica. AS retrató algunas historias que cuentan las dificultades del día a día.

La dura realidad social de Venezuela que impacta a la Roja

Chile se encuentra en Venezuela para su duelo por la sexta fecha de las Eliminatorias, pero el país está muy lejos de tener en el centro de atención este encuentro. No sólo porque el fútbol no es el deporte más popular del país, trono que ocupa el béisbol, sino por la profunda crisis social y económica que atraviesa la nación.

El turista que viaja a Venezuela disfruta por dos. Aprovecha su clima caliente y hace cundir su dinero como en ningún otro lugar.

Max es trinitano, no es su primera vez acá. Viene habitualmente y siempre trae dólares. Y así, todos los que circulan por las tierras de Maduro. Oficialmente, un dólar equivale a 250 bolívares, pero en el mercado negro puedes pillarlo por 900, incluso mil bolívares.

El billete más alto es de 100. El que cambia ese mismo monto de dólares americanos, se hacen de un fajo enorme de billetes. "Si cambiaste bolívares, debes gastarlos acá. Afuera nadie te los cambiará a dólares", advierte Teresa Garzón, ecuatoriana avecindada en Venezuela hace nueve años. El bolívar es internacionalmente una moneda muy depreciada.

"¿Que si me quiero ir? Pues claro, pero no puedo. Acá todo el que puede hacerlo, se va", nos explica Teresa. Esos que buscan salir del país, lo hacen porque la escasez a ratos se hace insostenible. "Vino mi madre de visita desde Guayaquil y nos trajo muchos útiles de aseo y comida que no hay acá como leche. Los niños abrieron los ojos cuando vieron los dos litros de leche, ni siquiera miraron el regalo que les había traído", cuenta Teresa. "Si hubiese sabido, dejaba un par de zapatos en mi país y les traía más leche en la maleta", repara María, su madre.

Un recorrido rápido por las calles, ayuda a tener una idea de los principales problemas con los que lidia el país: el ya mencionado desabastecimiento y la sequía.

Hace años que no llueve y se nota. Los pastos secos se imponen, así como los cortes de luz y agua. "Hay resorts que cuentan con estanques propios, pero incluso así, hay racionamiento de la energía", acota Ana María de Colombia. "En los años que llevo viviendo acá (9), siempre ha sido igual. Las excusas cambian: a veces te informan que es por una iguana que cortó un cable, otras que es por algo programado, pero siempre es lo mismo", añade Adriana.

Las casas más humildes tienen un contenedor azul en su superficie o al costado que usan para guardar el agua que venden por litros algunos autos que recorren la ciudad. Para otras compras, es necesario hacer largas filas. "Si necesitas pañales, se exige que la persona lleve un certificado de nacimiento del bebé. Así ellos sacan el cálculo del tamaño de pañal que te entregan. Ahora, si en la mitad de la fila el producto se acaba, debes comprarlo en el mercado negro a 300 veces su precio original, sin exagerar", retrata Antonio de Maracai.

Teresa se reconoce una mujer afortunada. No pasa apuros económicos. Cuenta con dinero suficiente al mes para costear los gastos básicos y las necesidades de sus hijos. Las primeras, muy bajas. Las segundas, altísimas.

Hoy, llena el estanque de su vehículo con 200 bolívares. Hasta hace poco lo hacía con menos de la mitad. Aun así es bajísimo su costo. Sus cuentas de luz y agua fluctúan entre 1.500-2.000 de la moneda local al mes.

Esas sumas parecen gigantes a los ojos de una persona que recibe el sueldo mínimo: 12.000 bolívares, unos 12 dólares. "Imagina que el queso lo adquieres por 2.000 a 3.000 bolívares", imposible para alguien con ese estándar de vida", nos detalla Teresa.

"Si mi hija quiere leche, le preguntó varias veces si se la va a tomar, si efectivamente la quiere porque no puedo darme el lujo de perderla", explica la ecuatoriana. Acá nada sobra.