Campeón Torneo de Clausura

La incidencia de las fuerzas menores en el título de la UC

Siete futbolistas emanados del fútbol formativo cruzado potenciaron el equipo de Mario Salas durante el semestre. Un número que recuerda la corona de 1987.

Cristopher Toselli, Stefano Magnasco, Guillermo Maripán, Jaime Carreño, José Pedro Fuenzalida, Jeisson Vargas y Nicolás Castillo fueron los nombres que más se repitieron en la oncena de Salas. 

A ese grupo se puede sumar Diego Rojas, Fabián Manzano, Benjamín Kusevic y Francisco Sierralta. Lo común entre todos estos jugadores es su nacimiento futbolístico: San Carlos de Apoquindo.

Cada uno de ellos se turnó para abrazar a Alfonso Garcés tras levantar el título, el veedor cruzado que los conoce desde retoños. A diferencia de los otros que pelearon el campeonato hasta el cierre, la UC se diferenció al tener mayoría de jugadores hechos en casa. Ese distingo hizo recordar el campeonato de 1987 obtenido por Ignacio Prieto, con un plantel que se conformó únicamente por jugadores criados en San Carlos.

Fuenzalida y Castillo fueron repatriados este año para potenciar al plantel y ambos terminaron ganando sus puestos. El "Chapa" cargó con su paso por Colo Colo en su reencuentro con los hinchas, pero el paso de los partidos y los goles pudieron contra eso. Castillo y sus anotaciones - fue el goleador del campeonato con once tantos- lo convirtieron en el delantero centro titular pese a haber bajado su nivel en la segunda curva. 

Maripán se ganó un puesto fijo en la defensa, situación que también vivió Jaime Carreño en el medio. El volante demostró su madurez y se impuso deportivamente a César Fuentes. Magnasco debió competir con Juan Carlos Espinoza en su puesto. Con su buen rendimiento se impuso. 

Jeisson Vargas es la gran joya de la franja. Si bien no jugó en el lugar que más le acomoda, se ubicó por la izquierda del ataque donde ni Jaime ni Bravo pudieron removerlo. Diego Rojas luchó con Carlos Espinosa en su zona. Su lesión y el físico del titular lo ayudaron a jugar varios minutos. Kusevic y Sierralta dieron plena seguridad en los momentos en que fueron requeridos.

Esos nombres fueron el cimiento sobre el que se asentó una campaña que se coronó con la undécima estrella cruzada.